La ambición: significado bíblico

La Biblia no condena la ambición; condena un tipo de ambición. Aprender a distinguir las dos es decisivo para la vida cristiana. Reflexión del Día 275 del plan La Biblia en un año.

El versículo

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Filipenses 2:3 (RV60)

Y la santa ambición de Pablo, que muestra que la palabra puede ser virtud cuando apunta a Dios:

“Por eso procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.” 2 Corintios 5:9 (RV60)

Contexto

El Nuevo Testamento usa dos palabras griegas distintas para hablar de ambición. Por un lado, eritheia: ambición egoísta, intriga, búsqueda del propio beneficio. Por otro, philotimeomai: literalmente “amar el honor,” tomar como punto de honor algo. La primera está casi siempre condenada (Romanos 2:8; 2 Corintios 12:20; Gálatas 5:20; Filipenses 1:17; Santiago 3:14-16); la segunda es elogiada cuando se aplica a las metas correctas (Romanos 15:20; 2 Corintios 5:9; 1 Tesalonicenses 4:11).

Es decir: la Biblia no enseña que el cristiano deba ser apático ni mediocre. Enseña que debe ser ambicioso de las cosas correctas. Pablo se llamaba a sí mismo “ambicioso” (Romanos 15:20, RV60: “me esforcé”) cuando hablaba de predicar el evangelio donde nadie lo había predicado. La pasión grande, ordenada bajo Dios, es virtud.

Significado

La ambición bíblica se mide por tres preguntas. Primera, ¿de dónde nace? Santiago 3:15 dice de la ambición egoísta: “no es esta la sabiduría que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.” Tiene tres apellidos. Es terrenal porque solo mira lo de aquí. Es animal porque sigue al apetito. Es diabólica porque imita el orgullo del adversario que dijo “seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:14).

Segunda, ¿hacia dónde apunta? La ambición egoísta apunta a sí misma: posición, reconocimiento, control. La santa apunta a Dios y al prójimo. Pablo lo dice en 2 Corintios 5:9: la meta es serle agradable a Cristo. Cuando esa es la meta, la ambición se vuelve combustible santo.

Tercera, ¿qué produce? Santiago 3:16 lo escribe sin elegir palabras: “donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.” Detrás de la mayoría de las divisiones en familias, equipos e iglesias hay una ambición que no se confesó. Por contraste, la santa ambición produce frutos: evangelización (Romanos 15:20), trabajo digno (1 Tesalonicenses 4:11), buenas obras (Tito 2:14).

Hay un evangelio de la ambición en boca de Jesús que muchos olvidan. Marcos 10:43-44: “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.” Jesús no le dice a sus discípulos que dejen de querer ser grandes. Les redefine la grandeza. La ambición cristiana es la grandeza puesta de pie sobre el servicio.

Y conviene la prueba diagnóstica de Filipenses 2:3: “nada hagáis por contienda o por vanagloria.” Dos motores de la ambición egoísta: contienda (querer ganarle a alguien) y vanagloria (querer ser visto). Cuando la ambición se nutre de comparación o aplausos, se podrió. Cuando se nutre del rostro de Dios, se purifica.

Cómo aplicarlo

  1. Examina el motor. Antes de empezar un proyecto importante, pregúntate: ¿quiero hacer esto por contienda o por vanagloria? Si sí, no abandones la meta; cambia el motor.
  2. Reescribe tu ambición en términos de Dios. ¿Qué quiere Dios que ambiciones? Lee 1 Tesalonicenses 4:11, Romanos 15:20, 2 Corintios 5:9 y subraya las metas que la Biblia llama santas.
  3. Practica la grandeza al revés. Lava platos. Sirve sin avisar. Cede el lugar. Marcos 10:43-44 te entrena los músculos correctos.
  4. Confiesa la ambición egoísta cuando aparezca. No la disimules con lenguaje espiritual. Llámala por su nombre delante de Dios y pide cambio de raíz, no solo de conducta.
  5. Pídele a Dios una ambición grande para Él. El cristiano apático no es un cristiano humilde, es un cristiano cómodo. Pide a Dios una pasión limpia y grande por su reino.

Versículos relacionados

Reflexión

El cristianismo no fabrica gente sin ambición; fabrica gente con la ambición correcta. La pregunta no es si quieres mucho — es probable que sí — sino qué quieres y para quién. Cuando la ambición apunta a uno mismo, descompone la vida; cuando apunta al rostro de Dios, la enciende. Pídele a Dios un deseo grande y limpio. Y vela el motor cada cierto tiempo, porque la vanagloria sabe disfrazarse.

Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre la ambición?

La Biblia distingue dos tipos. La ambición egoísta (gr. eritheia) es buscar el propio beneficio a costa de otros y se condena (Filipenses 2:3; Santiago 3:14-16). La santa ambición es desear con intensidad lo que honra a Dios y se elogia (Romanos 15:20; 2 Corintios 5:9; 1 Tesalonicenses 4:11).

¿Es pecado tener ambición?

No, depende de su raíz y su meta. Pablo era ambicioso: “me esforcé en predicar el evangelio” (Romanos 15:20, gr. philotimeomai, “tener por honor”). La ambición es pecado cuando busca la propia gloria; es virtud cuando busca el reino de Dios.

¿Cuál es el versículo bíblico contra la ambición egoísta?

Filipenses 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Es la antítesis exacta de la ambición egoísta y la fórmula de la santa ambición.

¿Qué consecuencias trae la ambición egoísta?

Santiago 3:16 lo dice sin matices: “donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.” La ambición egoísta destruye comunidades, familias e iglesias. Detrás de la mayoría de las divisiones cristianas hay una ambición que no se confesó.

¿Cómo cultivar una ambición santa?

Tres pasos: (1) examina la raíz: ¿lo hago para mi gloria o para Dios? (Colosenses 3:23); (2) cambia la meta: que tu ambición sea el reino, no la posición (Mateo 6:33); (3) acepta el orden de Jesús: el primero es el siervo (Marcos 10:43-45).