Día 25

"Dios cambió el mal en bien"

Sabiduría Salmos 15:1-5
Nuevo Testamento Mateo 17:14-18:9
Antiguo Testamento Génesis 49:1-50:26

Introducción

En 1947, un joven neoyorquino llamado Glenn Chambers tuvo el sueño de su vida: trabajar para Dios en Ecuador. En el aeropuerto, el día de su partida, trató de enviar una nota a su madre pero no tuvo tiempo de comprar una tarjeta. Encontró un pedazo de papel en el piso de la terminal y lo levantó. Resultó ser una publicidad con las palabras «¿Por qué?». Garabateó su nota alrededor de dichas palabras y la depositó en el buzón del correo. Esa noche su aeroplano explotó al colisionar con la cima de la montaña colombiana El Tablazo, de tres mil metros de altura. Cuando su madre recibió la nota luego de la noticia de su muerte, la pregunta «¿Por qué?» la llenó de quemazón.

¿Por qué Dios permite semejante sufrimiento? El sufrimiento nos interpela de manera continua. Nos indigna y nos confronta. Es el desafío más grande a la fe cristiana. La cantidad de sufrimiento y su distribución pareciera ser aleatoria e injusta.

Los teólogos y filósofos se han batido durante siglos con el misterio del sufrimiento inmerecido, y ninguno ha logrado llegar a una solución sencilla ni completa. Los pasajes de hoy y mañana son apenas una parte de la respuesta, pero cada uno de ellos nos ofrece una perspectiva al respecto.

En los pasajes de hoy vemos que aunque el sufrimiento nunca es bueno en sí mismo, Dios es capaz de usarlo para bien de múltiples formas. Dios te ama. Tu sufrimiento también es sufrimiento de Dios. Él sufre junto a ti. Sin embargo no siempre elimina el sufrimiento de tu vida; a veces usa las cosas malas que ocurren para llevar a cabo sus buenos propósitos.

Sabiduría

Salmos 15:1-5

Salmo 15

Salmo de David.

1 ¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?
 ¿Quién puede vivir en tu santo monte?

2 Sólo el de conducta intachable,
 que practica la justicia
 y de corazón dice la verdad;
3 que no calumnia con la lengua,
 que no le hace mal a su prójimo
 ni le acarrea desgracias a su vecino;
4 que desprecia al que Dios reprueba,
 pero honra al que teme al Señor;
que cumple lo prometido
 aunque salga perjudicado;
5 que presta dinero sin ánimo de lucro,
 y no acepta sobornos que afecten al inocente.

El que así actúa no caerá jamás.

Comentario

Dios usa el sufrimiento para transformarte

¿Has tenido momentos en tu vida cuando, debido a las circunstancias, te estremeciste? ¿Ocasiones cuando perdiste empuje y sentiste la tentación de abandonar?

El salmo de hoy nos recuerda que no tenemos por qué caer ni vacilar (v.5) ni aun en los momentos de sufrimiento. David describe la clase de vida que Dios se propone que experimentes. Las directrices que presenta son cosas que puedes practicar durante las dificultades:

  • Obrar correctamente

Procura ir por la vida sin tener tacha y hacer lo que es justo (v.2a).

  • Decir la verdad

«… de corazón dice la verdad» (v.2b).

  • No murmurar

Que ninguna «calumnia» salga de tu boca (v.3).

  • No herir a tu prójimo

No acarrear «desgracias a su vecino» (v.3).

  • Cumplir la palabra

Cumplir las promesas «aunque salga perjudicado» (v.4b). Esto implica hacer lo que uno se haya propuesto hacer aunque no le convenga (un desafío particular para nuestra generación, en la que con un simple mensaje de texto se puede llegar a cancelar un acuerdo de un momento para el otro).

  • Ser generosos

Si prestas dinero no debes cobrar interés excesivo (v.5a).

  • Ser sinceros

Nunca aceptar «sobornos» (v.5b).

A medida que tu carácter se forme más y más en línea con esta descripción, las circunstancias difíciles y el sufrimiento tendrán menos impacto desestabilizador en ti. Como señala el salmista: «El que así actúa no caerá jamás» (v.5c) y habitará en el santuario del Señor (v.1a).

Así como el sufrimiento conduce a la formación del carácter, la formación del carácter lleva al conocimiento de la esperanza segura y la experiencia personal del amor de Dios (Romanos 5:3-5). La esperanza y el amor son las fuerzas estabilizadoras más grandes que puedes conocer frente al sufrimiento y la incertidumbre.

Oración

Señor, gracias por aceptarme tal como soy, pero también por no querer que permanezca así. Ayúdame a llevar una vida santa. Ayúdame a considerar las pruebas y las dificultades que enfrento como parte de la formación de mi carácter.

Nuevo Testamento

Mateo 17:14-18:9

Jesús sana a un muchacho endemoniado

14 Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él.

15 —Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. 16 Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo.

17 —¡Ah, generación incrédula y perversa! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al muchacho.

18 Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquel momento.

19 Después los discípulos se acercaron a Jesús y, en privado, le preguntaron:

—¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?

20 —Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.

22 Estando reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 23 Lo matarán, pero al tercer día resucitará.» Y los discípulos se entristecieron mucho.

El impuesto del templo

24 Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Capernaúm, los que cobraban el impuesto del templo se acercaron a Pedro y le preguntaron:

—¿Su maestro no paga el impuesto del templo?

25 —Sí, lo paga —respondió Pedro.

Al entrar Pedro en la casa, se adelantó Jesús a preguntarle:

—¿Tú qué opinas, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos: a los suyos o a los demás?

26 —A los demás —contestó Pedro.

—Entonces los suyos están exentos —le dijo Jesús—. 27 Pero, para no escandalizar a esta gente, vete al lago y echa el anzuelo. Saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y dásela a ellos por mi impuesto y por el tuyo.

El más importante en el reino de los cielos

18En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

—¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?

2 Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. 3 Entonces dijo:

—Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.

5 »Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí. 6 Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.

7 »¡Ay del mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero ¡ay del que hace pecar a los demás! 8 Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y arrójalo. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que ser arrojado al fuego eterno con tus dos manos y tus dos pies. 9 Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y arrójalo. Más te vale entrar tuerto en la vida que con dos ojos ser arrojado al fuego del infierno.

Comentario

Dios utiliza el sufrimiento para salvarte

Jesús vino para lidiar con el sufrimiento (17:22-23) y, en última instancia y como parte de su obra de largo alcance, para quitar todo sufrimiento, a través de la cruz y la resurrección.

En el corazón del universo está el sufrimiento de Dios en la cruz: «Estando reunidos en Galilea, Jesús les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Lo matarán, pero al tercer día resucitará”. Y los discípulos se entristecieron mucho» (vv.22-23). No entendían que aquello que los humanos se proponían para mal, Dios lo cambiaría para bien, para salvar muchas vidas. Podríamos decir que Jesús «perdió la batalla para ganar la guerra».

Lo que el diablo se propuso para mal, Dios lo cambió para bien. Fue capaz de tomar el mayor mal jamás cometido (matar al Hijo de Dios) y usarlo para el mayor bien (la salvación de la humanidad).

La sanidad del muchacho con epilepsia (v.18) fue un anticipo del tiempo en que no habrá más enfermedad ni sufrimiento. La muerte y la resurrección de Jesús implican que nadie tiene por qué «ser arrojado al fuego del infierno» (18:9).

¿Cómo deberías responder?

  • Ten fe

Hay mucho sufrimiento en el mundo. En este pasaje vemos el padecimiento terrible (17:15) de un muchacho con enfermedad y el sufrimiento que sentía su padre. En este caso particular, la incapacidad de los discípulos de sanar procedía de su falta de fe (aunque no siempre sea el caso; algunas personas han orado por sanidad con una fe enorme pero sin resultados evidentes). Jesús dice que si uno tiene fe, aunque sea pequeña, moverá montañas. «Para ustedes nada será imposible» (v.20).

  • No generes ofensas innecesarias

Jesús explicó que aunque estaba exento de pagar el impuesto del templo (la casa de Dios) porque era el mismísimo Hijo de Dios, obró un pago milagroso en nombre de él y de Pedro, «para no escandalizar a esta gente» (v.27). Aunque Jesús estaba dispuesto a ofender si era necesario, no quería causar ofensas innecesarias.

  • Humíllate

La grandeza en el reino de los cielos no consiste en logros; se trata de humillarnos a nosotros mismos como si fuéramos niños (18:4).

  • Sé radical

Jesús nos llama a ser implacables en cuanto a extirpar el pecado de nuestra vida (vv.7-9).

Oración

Señor, gracias porque en el corazón del universo está el acontecimiento donde cambiaste el mal por bien. Deposito mi confianza en ti. Dependo de ti.

Antiguo Testamento

Génesis 49:1-50:26

Jacob bendice a sus hijos

49Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reúnanse, que voy a declararles lo que les va a suceder en el futuro:

2 »Hijos de Jacob: acérquense y escuchen;
 presten atención a su padre Israel.

3 »Tú, Rubén, eres mi primogénito,
 primer fruto de mi fuerza y virilidad,
 primero en honor y en poder.
4 Impetuoso como un torrente,
 ya no serás el primero:
te acostaste en mi cama;
 profanaste la cama de tu propio padre.

5 »Simeón y Leví son chacales;
 sus espadas son instrumentos de violencia.
6 ¡No quiero participar de sus reuniones,
 ni arriesgar mi honor en sus asambleas!
En su furor mataron hombres,
 y por capricho mutilaron toros.
7 ¡Malditas sean la violencia de su enojo
 y la crueldad de su furor!
Los dispersaré en el país de Jacob,
 los desparramaré en la tierra de Israel.

8 »Tú, Judá, serás alabado por tus hermanos;
 dominarás a tus enemigos,
 y tus propios hermanos se inclinarán ante ti.
9 Mi hijo Judá es como un cachorro de león
 que se ha nutrido de la presa.
Se tiende al acecho como león,
 como leona que nadie se atreve a molestar.
10 El cetro no se apartará de Judá,
 ni de entre sus pies el bastón de mando,
hasta que llegue el verdadero rey,
 quien merece la obediencia de los pueblos.
11 Judá amarra su asno a la vid,
 y la cría de su asno a la mejor cepa;
lava su ropa en vino;
 su manto, en la sangre de las uvas.
12 Sus ojos son más oscuros que el vino;
 sus dientes, más blancos que la leche.

13 »Zabulón vivirá a la orilla del mar;
 será puerto seguro para las naves,
 y sus fronteras llegarán hasta Sidón.

14 »Isacar es un asno fuerte
 echado entre dos alforjas.
15 Al ver que el establo era bueno
 y que la tierra era agradable,
agachó el hombro para llevar la carga
 y se sometió a la esclavitud.

16 »Dan hará justicia en su pueblo,
 como una de las tribus de Israel.
17 Dan es una serpiente junto al camino,
 una víbora junto al sendero,
que muerde los talones del caballo
 y hace caer de espaldas al jinete.

18 »¡ Señor, espero tu salvación!

19 »Las hordas atacan a Gad,
pero él las atacará por la espalda.

20 »Aser disfrutará de comidas deliciosas;
ofrecerá manjares de reyes.

21 »Neftalí es una gacela libre,
que tiene hermosos cervatillos.

22 »José es un retoño fértil,
 fértil retoño junto al agua,
 cuyas ramas trepan por el muro.
23 Los arqueros lo atacaron sin piedad;
 le tiraron flechas, lo hostigaron.
24 Pero su arco se mantuvo firme,
 porque sus brazos son fuertes.
¡Gracias al Dios fuerte de Jacob,
 al Pastor y Roca de Israel!
25 ¡Gracias al Dios de tu padre, que te ayuda!
 ¡Gracias al Todopoderoso, que te bendice!
¡Con bendiciones de lo alto!
 ¡Con bendiciones del abismo!
¡Con bendiciones de los pechos y del seno materno!
26 Son mejores las bendiciones de tu padre
 que las de los montes de antaño,
que la abundancia de las colinas eternas.
 ¡Que descansen estas bendiciones
sobre la cabeza de José,
 sobre la frente del escogido entre sus hermanos!

27 »Benjamín es un lobo rapaz
 que en la mañana devora la presa
 y en la tarde reparte los despojos.»

28 Éstas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre les dijo cuando impartió a  cada una de ellas su bendición.

Muerte de Jacob

29 Además, Jacob les dio estas instrucciones: «Ya estoy a punto de reunirme con los míos. Entiérrenme junto a mis antepasados, en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Se trata de la cueva de Macpela, frente a Mamré, en la tierra de Canaán. Está en el campo que Abraham le compró a Efrón el hitita, para que fuera el sepulcro de la familia. 31 Allí fueron sepultados Abraham y su esposa Sara, Isaac y su esposa Rebeca, y allí también enterré a Lea. 32 Ese campo y su cueva se les compró a los hititas.»

33 Cuando Jacob terminó de dar estas instrucciones a sus hijos, volvió a acostarse, exhaló el último suspiro, y fue a reunirse con sus antepasados.

50Entonces José se abrazó al cuerpo de su padre y, llorando, lo besó. 2 Luego ordenó a los médicos a su servicio que embalsamaran el cuerpo, y así lo hicieron. 3 El proceso para embalsamarlo tardó unos cuarenta días, que es el tiempo requerido. Los egipcios, por su parte, guardaron luto por Israel durante setenta días.

4 Pasados los días de duelo, José se dirigió así a los miembros de la corte del faraón:

—Si me he ganado el respeto de la corte, díganle por favor al faraón 5 que mi padre, antes de morirse, me hizo jurar que yo lo sepultaría en la tumba que él mismo se preparó en la tierra de Canaán. Por eso le ruego encarecidamente me permita ir a sepultar a mi padre, y luego volveré.

6 El faraón le respondió:

—Ve a sepultar a tu padre, conforme a la promesa que te pidió hacerle.

7 José fue a sepultar a su padre, y lo acompañaron los servidores del faraón, es decir, los ancianos de su corte y todos los ancianos de Egipto. 8 A éstos se sumaron todos los familiares de José, es decir, sus hermanos y los de la casa de Jacob. En la región de Gosén dejaron únicamente a los niños y a los animales. 9 También salieron con él carros y jinetes, formando así un cortejo muy grande.

10 Al llegar a la era de Hatad, que está cerca del río Jordán, hicieron grandes y solemnes lamentaciones. Allí José guardó luto por su padre durante siete días. 11 Cuando los cananeos que vivían en esa región vieron en la era de Hatad aquellas manifestaciones de duelo, dijeron: «Los egipcios están haciendo un duelo muy solemne.» Por eso al lugar, que está cerca del Jordán, lo llamaron Abel Misrayin.

12 Los hijos de Jacob hicieron con su padre lo que él les había pedido: 13 lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva que está en el campo de Macpela, frente a Mamré, en el mismo campo que Abraham le había comprado a Efrón el hitita para sepultura de la familia. 14 Luego de haber sepultado a su padre, José regresó a Egipto junto con sus hermanos y con toda la gente que lo había acompañado.

La promesa de José a sus hermanos

15 Al reflexionar sobre la muerte de su padre, los hermanos de José concluyeron: «Tal vez José nos guarde rencor, y ahora quiera vengarse de todo el mal que le hicimos.» 16 Por eso le mandaron a decir: «Antes de morir tu padre, dejó estas instrucciones: 17 “Díganle a José que perdone, por favor, la terrible maldad que sus hermanos cometieron contra él.” Así que, por favor, perdona la maldad de los siervos del Dios de tu padre.»

Cuando José escuchó estas palabras, se echó a llorar. 18 Luego sus hermanos se presentaron ante José, se inclinaron delante de él y le dijeron:

—Aquí nos tienes; somos tus esclavos.

19 —No tengan miedo —les contestó José—. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? 20 Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. 21 Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos.

Y así, con el corazón en la mano, José los reconfortó.

Muerte de José

22 José y la familia de su padre permanecieron en Egipto. Alcanzó la edad de ciento diez años, 23 y llegó a ver nacer a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. Además, cuando nacieron los hijos de Maquir, hijo de Manasés, él los recibió sobre sus rodillas.

24 Tiempo después, José les dijo a sus hermanos: «Yo estoy a punto de morir, pero sin duda Dios vendrá a ayudarlos, y los llevará de este país a la tierra que prometió a Abraham, Isaac y Jacob.» 25 Entonces José hizo que sus hijos le prestaran juramento. Les dijo: «Sin duda Dios vendrá a ayudarlos. Cuando esto ocurra, ustedes deberán llevarse de aquí mis huesos.»

26 José murió en Egipto a los ciento diez años de edad. Una vez que lo embalsamaron, lo pusieron en un ataúd.

Comentario

Dios emplea el sufrimiento para sus buenos propósitos

Sea lo que fuere que la gente malvada (o aun el diablo) planee en tu contra, Dios es capaz de usarlo para sus buenos propósitos: para tu propio bien y el beneficio de otros que serán bendecidos por tu vida y ministerio.

Cuando Jacob se aproximaba al final de su vida, bendijo a sus hijos. Bendijo a Judá con victoria, prosperidad y liderazgo. Judá iba a convertirse en la tribu sureña más poderosa de Israel y, en la persona de David, aportó el rey para la nación entera.

Aquí vemos una anticipación de Jesús: «El cetro no se apartará de Judá, ni de entre sus pies el bastón de mando» (49:10). Más adelante leemos que «una estrella saldrá de Jacob; un rey surgirá en Israel» (Números 24:17). Jacob usa la imagen del león (Génesis 49.9). Jesús es descrito como «el León de la tribu de Judá, la Raíz de David» (Apocalipsis 5:5).

Jacob prosiguió bendiciendo a José, «un retoño fértil» (Génesis 49:22). Había pasado dificultades y ataques, «lo atacaron sin piedad; le tiraron flechas, lo hostigaron» (v.23). Pero Dios usó todo para bien. José fue exitoso porque la mano de Dios estuvo sobre él y cambió el mal en bendición (50:20).

Al morir Jacob, los hermanos de José estaban preocupados de que José se vengara por todos los males que habían cometido en su contra (v.15). Pero José dijo: «No tengan miedo. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos» (vv.19.21).

R. T. Kendall escribe: «Para José, una posible reivindicación hubiera logrado algo para él en aquel momento, pero no hubiera hecho nada por el reino de Dios. Cuando recibimos cualquier tipo de maltrato, debemos entender que nuestro sufrimiento tiene implicaciones profundas y enormes para el reino de Dios. Detrás del sufrimiento continuo, hay motivos que no se ven. ¿Quién sabe lo que Dios hará con nuestra vida si afrontamos el maltrato con dignidad?».

Te animo a que percibas la mano de Dios en todo lo que te sucede, sea bueno y malo. Observa todo con los ojos de la fe. Comprende que todo es parte del plan de Dios de transformar el mal en bien (así como hizo por medio de la muerte de Jesús en la cruz).

La promesa del Nuevo Testamento es que Dios utilizará todo lo que te ocurra para bien. Al enfrentar pruebas, tentaciones, luchas y dificultades, el Nuevo Testamento te asegura que «todas las cosas [obran] para el bien de quienes lo aman [a Dios], los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8:28).

Oración

Señor, ayúdame a perdonar por completo a quienes de algún modo me hayan perjudicado. Ayúdame a ver tu mano en todo lo que me ocurre, sea bueno o malo. Gracias porque en todas las cosas obras para el bien de quienes te aman.

Añadidos de Pippa

Pippa añade:

Mateo 17:20

«… fe tan pequeña como un grano de mostaza…»

No suena a demasiado. Debe ser algo posible. Aún hay ciertas montañas grandes en mi listado de oración que no parecen haberse movido. Este es un aliento para continuar en oración, pidiendo incluso por las grandes cosas.

[Para un abordaje más amplio sobre el sufrimiento, recomendamos leer el libro de Nicky Gumbel: ¿Por qué permite Dios el sufrimiento?: http://www.alpharesources.org/Why-Does-God-Allow-Suffering-SI-Bklt-Spanish-PK-5-P14428.aspx

También está disponible en el capítulo 1 del libro de Nicky Gumbel Temas candentes: http://www.alpharesources.org/NEW-REVISED-Searching-Issues-Spanish-P14063.aspx]

Versículo del día

Mateo 17:20-21

'—Porque ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.'

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Referencias

Notas:

R. T. Kendall, God Meant it for Good, (Paternoster Press, 2003) p.62

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