Los que causan divisiones en la iglesia
Un tema incómodo pero vigente: la Biblia habla con claridad de quienes siembran disensiones entre hermanos. Reflexión sobre Romanos 16:17 y Tito 3:10 para el Día 219 del plan.
El versículo
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.” Romanos 16:17 (RV60)
Pablo aconseja a Tito con un tono parecido, aunque escalando la respuesta:
“Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo.” Tito 3:10 (RV60)
Contexto
Romanos 16 cierra la carta con una serie de saludos personales — una lista larguísima de nombres — y, casi al final, una advertencia súbita. Pablo viene de celebrar la comunidad; justo antes de despedirse, les pide que se mantengan alerta. La comunidad que se ama también debe saber cuidarse. La unidad no se sostiene sola.
Tito es una carta pastoral más breve. Tito está estableciendo iglesias en la isla de Creta, un contexto culturalmente difícil. Pablo le da pautas claras para el liderazgo, incluyendo cómo tratar a quienes generan conflicto. Allí aparece la instrucción sobre el “hombre que cause divisiones”, no como una receta fría, sino como un protocolo pastoral que busca proteger al rebaño y dar espacio al arrepentimiento. “Deséchalo” suena duro, pero llega sólo después de “una y otra amonestación”. La paciencia tiene límite cuando el daño se vuelve sistemático.
Significado
La palabra griega traducida como “divisiones” (dichostasía) describe literalmente “pararse en lados opuestos”. No es un desacuerdo ocasional; es una actitud que organiza bandos. El vocablo traducido “tropiezos” (skándala) evoca una trampa puesta en el camino. Pablo pinta una escena concreta: hay quienes no discuten ideas de buena fe; construyen divisiones y traban a otros para que se caigan.
No toda diferencia es división. Pablo mismo tuvo fuertes desacuerdos con Pedro (Gálatas 2:11-14) y, en otro momento, con Bernabé (Hechos 15:39). La iglesia siempre ha vivido entre diferencias. El texto distingue entre diferencia y división: la diferencia se dialoga, la división se siembra. Quien causa divisiones busca seguidores para sí, no para Cristo; emplea la sospecha como herramienta; prefiere el ruido al diálogo.
El Nuevo Testamento ofrece una lista breve de motivos habituales. Pablo en 1 Corintios 1-3 habla de divisiones nacidas del orgullo y de la identificación con líderes humanos (“yo soy de Pablo… yo soy de Apolos”). En Judas 16 aparecen los que “hablan cosas infladas de vanidad” buscando ventaja. En 1 Timoteo 6:5 aparece quien convierte la piedad en fuente de ganancia. Reconocer los motivos ayuda a no confundir entusiasmo sincero con espíritu divisivo.
La respuesta bíblica no es cerrar la iglesia a toda voz crítica. Es distinguir, con paciencia y discernimiento, entre la crítica constructiva y la división repetida. El protocolo es claro: acercamiento personal, amonestación, y si persiste, apartarse. No por venganza, sino por proteger a quienes están creciendo en la fe.
Cómo aplicarlo
- Empieza por el espejo. ¿Soy yo, en alguna conversación, parte del problema? La primera defensa contra la división es la honestidad personal.
- No participes de chismes. Muchas divisiones nacen por rutas no oficiales: comentarios, insinuaciones, mensajes privados. Cortar el flujo es un acto de obediencia.
- Habla directamente. Si algo te preocupa de alguien, ve a esa persona antes de comentarlo a otros. Es el camino que Jesús enseñó en Mateo 18:15.
- Apoya a tus líderes con oración. Los que conducen la iglesia son a menudo el blanco de quienes siembran división. Cuidarlos con oración protege a toda la comunidad.
- Aplica Tito 3:10 con tristeza, no con satisfacción. Si llega el momento de apartarse de alguien, hazlo sin orgullo. La disciplina bíblica siempre busca restauración.
Versículos relacionados
- Efesios 4:1-3 — “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
- 1 Corintios 1:10 — “Os ruego, pues, hermanos… que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones.”
- Santiago 3:14-16 — La sabiduría “terrenal, animal, diabólica” produce celos y contiendas.
- Proverbios 6:16-19 — Entre las siete cosas que el Señor aborrece está “el que siembra discordia entre hermanos”.
- Juan 17:21 — Jesús oró “que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.
Reflexión
La unidad no es un accidente; es una tarea. Pablo cierra Romanos con saludos amorosos y con esta advertencia porque sabe que las dos cosas van juntas: se ama y se cuida. Los que causan divisiones en la iglesia no suelen anunciarse; se infiltran con buenas palabras y van dejando heridas. Contra eso, Dios nos pide una comunidad alerta, madura y, sobre todo, centrada en Jesús. Si hoy sientes que una semilla de división intenta crecer en tu corazón, arráncala temprano. Y si ves que alguien más la siembra, habla con amor antes de que se vuelva campo.
Preguntas frecuentes
¿Qué dice la Biblia sobre los que causan divisiones en la iglesia?
Romanos 16:17 y Tito 3:10 advierten sobre quienes causan disensiones y tropiezos contra la sana doctrina: conviene identificarlos, corregirlos con mansedumbre y, si persisten, apartarse de ellos para proteger a la comunidad.
¿Toda diferencia en la iglesia es división?
No. Las diferencias de opinión y los desacuerdos honestos forman parte de la vida de la iglesia. La división surge cuando se promueve contienda, facciones y enseñanza contraria al evangelio por motivos egoístas.
¿Cómo responder a alguien que siembra divisiones?
Primero con acercamiento personal y oración (Mateo 18:15). Si no hay cambio, involucrando a otros creyentes de confianza y, en última instancia, apartándose de quien insiste en dañar la unidad.
¿Qué motiva a los que causan divisiones?
La Biblia menciona el orgullo, la búsqueda de reconocimiento, la avaricia, enseñanzas torcidas y a veces la inmadurez espiritual. Identificar la raíz ayuda a no reaccionar con la misma emoción.
¿Cómo cuidar activamente la unidad de la iglesia?
Cultivando oración por los líderes, hablando bien unos de otros, resolviendo los conflictos directamente, y recordando que la unidad no es uniformidad, sino amor y propósito compartido en Cristo (Efesios 4:1-3).