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Día 203

¡Ayuda, Señor!

Sabiduría Salmos 88:9-18
Nuevo Testamento Romanos 7:7-25
Antiguo Testamento Oseas 6:1-7:16

Introducción

Una de mis oraciones más frecuentes es «¡Ayuda!» Es también una de las oraciones más comunes en la Biblia, es una oración que puedes hacer todos los días y en cualquier situación. Puedes pedirle ayuda al Señor. El deseo de Dios es que tengas una relación con Él real y de corazón.

Sabiduría

Salmos 88:9-18

9 los ojos se me nublan de tristeza.

Yo, Señor, te invoco cada día,
y hacia ti extiendo las manos.
10 ¿Acaso entre los muertos realizas maravillas?
¿Pueden los muertos levantarse a darte gracias?
11 ¿Acaso en el sepulcro se habla de tu amor,
y de tu fidelidad en el abismo destructor?
12 ¿Acaso en las tinieblas se conocen tus maravillas,
o tu justicia en la tierra del olvido?

13 Yo, Señor, te ruego que me ayudes;
por la mañana busco tu presencia en oración.
14 ¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué escondes de mí tu rostro?

15 Yo he sufrido desde mi juventud;
muy cerca he estado de la muerte.
Me has enviado terribles sufrimientos
y ya no puedo más.
16 Tu ira se ha descargado sobre mí;
tus violentos ataques han acabado conmigo.
17 Todo el día me rodean como un océano;
me han cercado por completo.
18 Me has quitado amigos y seres queridos;
ahora sólo tengo amistad con las tinieblas.

Comentario

1. Ayuda en las relaciones rotas

El rechazo es siempre perjudicial, especialmente cuando viene de alguien que amamos o de alguien muy cercano a nosotros. Las relaciones rotas son dolorosas, en especial cuando sentimos que nos ha «abandonado» un «enamorado», un «vecino» o un amigo cercano. El salmista siente que, desde que «me has quitado amigos y seres queridos; ahora solo tengo amistad con las tinieblas» (v.18).

Dice: «Yo he sufrido desde mi juventud; muy cerca he estado de la muerte» (v.15). La situación parece de desesperanza absoluta: tinieblas (v.12), sentimiento de ser rechazado por Dios (v.14), sufrimiento (v.15a), terror y desesperación (v.15b). «Todo el día me rodean como un océano; me han cercado por completo» (v.17).

Sin embargo, hay una nota de esperanza. La esperanza proviene del hecho de que, en medio de todo esto, elige empezar cada día clamando a Dios: «Yo, Señor, te invoco cada día, y hacia ti extiendo las manos» (v.9b).

Tal vez hoy estés atravesando por dificultades con una relación: en tu matrimonio, en tu trabajo, iglesia o con un amigo cercano. Por muy mala que parezca tu situación, siempre hay esperanza si le pides ayuda al Señor.

«Yo, Señor, te ruego que me ayudes; por la mañana busco tu presencia en oración» (v.13). Señor, hacia Ti extiendo las manos. Te pido ayuda…

Nuevo Testamento

Romanos 7:7-25

Conflicto con el pecado

7 ¿Qué concluiremos? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.» 8 Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia. Porque aparte de la ley el pecado está muerto. 9 En otro tiempo yo tenía vida aparte de la ley; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado y yo morí. 10 Se me hizo evidente que el mismo mandamiento que debía haberme dado vida me llevó a la muerte; 11 porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató.

12 Concluimos, pues, que la ley es santa, y que el mandamiento es santo, justo y bueno. 13 Pero entonces, ¿lo que es bueno se convirtió en muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien fue el pecado lo que, valiéndose de lo bueno, me produjo la muerte; ocurrió así para que el pecado se manifestara claramente, o sea, para que mediante el mandamiento se demostrara lo extremadamente malo que es el pecado.

14 Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado. 15 No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. 16 Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; 17 pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí. 18 Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. 19 De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí.

21 Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. 22 Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; 23 pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. 24 ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? 25 ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!

En conclusión, con la mente yo mismo me someto a la ley de Dios, pero mi naturaleza pecaminosa está sujeta a la ley del pecado.

Comentario

2. Ayuda en la lucha con el pecado

¿Alguna vez te has visto atrapado por los malos hábitos o pecados de los que quisieras liberarte pero te sientes incapaz de hacerlo? ¿Has dicho alguna vez que no vas a hacer algo y luego terminas haciéndolo de todos modos?

Como lo indica The Message, Pablo escribe: «He pasado mucho tiempo en la prisión del pecado. Lo que no entiendo de mí es que decido una forma, pero luego actúo de otra, haciendo cosas que desprecio absolutamente» (v.15, MSG).

Continúa: «Sucede tan regularmente que es predecible. En el momento en que decido hacer el bien, el pecado está ahí para hacerme tropezar. Me deleito verdaderamente en los mandamientos de Dios, pero es bastante obvio que no todo en mí se une a ese deleite. Hay partes de mí secretamente rebeldes, y justo cuando menos lo espero, toman el control» (vv.21-23, MSG).

Pablo dice: «¡Obviamente necesito ayuda!» (v.18, MSG). Clama: «¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?» (v.24).

Habiendo dicho (en el pasaje de ayer) que estás libre de la ley (v.6), Pablo se anticipa al tipo de preguntas que se plantearán acerca de lo que está diciendo. ¿Acaso está igualando la ley al pecado? (v.7).

Muestra que la ley no es el pecado. Todo lo contrario, «… la ley en sí misma es santa, y sus mandatos son santos, rectos y buenos» (v.12). Somos nosotros los que somos pecadores. La ley lo muestra revelando lo que es pecado y que no podemos guardar la ley. De hecho, incluso agrava el pecado en nosotros.

La siguiente pregunta es consecuencia de las anteriores. Si la ley es tan buena, ¿por qué me llevó a mi muerte? (v.13). «No», responde Pablo, no fue la ley sino mi pecado el que condujo a la muerte. Si alguien es condenado por un delito, no es la ley la que causa la pena, más bien es el crimen. Todo lo que hace la ley es establecer la medida.

Se ha escrito demasiado sobre este pasaje. El debate principal es si Pablo se refiere a su estado como cristiano o al de antes de ser cristiano. Aunque sea claramente autobiográfico, también está hablando en general de la condición de los seres humanos que viven bajo la ley.

Tal vez deberíamos ver este pasaje como una descripción del cristiano que no vive en la plenitud del poder del Espíritu, a pesar de que él o ella desea hacerlo. Se puede leer como el clamor humano por vivir en el Espíritu, escuchado una y otra vez en las vidas de los cristianos a través de los siglos.

Sabemos que la ley de Dios es santa, recta y buena (v.12), y sabemos que es espiritual (v.14). Sin embargo, nos encontramos en situación de fallar: «Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado. No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco» (vv.14-15).

La diferencia entre el «antes» y el «después» de ser cristiano no es que antes, pecabas, y que después, no lo haces. ¡No!, la diferencia es que antes de convertirte en cristiano, el pecado estaba en tu naturaleza; en realidad ni a ti ni a mí nos preocupaba. Pero después de hacerte cristiano, el pecado está completamente fuera de tu naturaleza: no quieres cometerlo. Te causa dolor y arrepentimiento cuando lo haces. No tanto porque te decepcionas, aunque hay algo de ello, sino porque quieres agradar a Cristo, y le has fallado.

Si eres como yo, conoces muy bien esta batalla con el pecado. Por favor, ten en cuenta esta, que es una característica clave del verdadero creyente cristiano.

Cuando Pablo pide ayuda, ya sabe la respuesta a la pregunta: «¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!» (v.24-25).

Tal vez, la clave para entender este pasaje está en las dos palabras «yo mismo» (v.25b). Nosotros solos somos esclavos de la ley del pecado, pero este no es el final de la historia. Pablo continúa hablando sobre la gran liberación que el Espíritu Santo aporta a nuestras vidas.

Al mirarme como cristiano en términos de pertenecer a Cristo, me doy cuenta de que no soy libre de pecar. Al mirarme a sí mismo como un cristiano en el mundo, me doy cuenta de que no, tampoco estoy libre de pecado. Pero cuando me veo como un cristiano empoderado por el Espíritu, me doy cuenta de que soy libre para vencer el pecado. Me acuerdo de algo que John Newton escribió:

«No soy lo que quiero ser.

No soy lo que debería ser.

No soy lo que un día seré.

Pero gracias a Dios no soy lo que alguna vez fui».

Señor, te pido ayuda. Lléname por favor hoy con tu Espíritu Santo. Realmente necesito la ayuda del Espíritu Santo para llevar el tipo de vida que sé que quieres que lleve.

Antiguo Testamento

Oseas 6:1-7:16

Impenitencia de Israel

6¡Vengan, volvámonos al Señor!
Él nos ha despedazado, pero nos sanará;
nos ha herido, pero nos vendará.
2 Después de dos días nos dará vida;
al tercer día nos levantará,
y así viviremos en su presencia.
3 Conozcamos al Señor;
vayamos tras su conocimiento.
Tan cierto como que sale el sol,
él habrá de manifestarse;
vendrá a nosotros como la lluvia de invierno,
como la lluvia de primavera que riega la tierra.

4 «¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
El amor de ustedes es como nube matutina,
como rocío que temprano se evapora.
5 Por eso los hice pedazos por medio de los profetas;
los herí con las palabras de mi boca.
¡Mi sentencia los fulminará como un relámpago!
6 Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios,
conocimiento de Dios y no holocaustos.
7 Son como Adán:
han quebrantado el pacto,
¡me han traicionado!
8 Galaad es una ciudad de malhechores;
sus pisadas dejan huellas de sangre.
9 Una pandilla de sacerdotes
está al acecho en el camino a Siquén,
y como banda de salteadores,
comete toda clase de infamias.
10 En el reino de Israel
he visto algo horrible:
Allí se prostituye Efraín
y se mancilla Israel.

11 »¡A ti también, Judá,
te espera la cosecha de tu maldad!

»Cuando cambie yo la suerte de mi pueblo,

7cuando sane yo a Israel,
la perversidad de Efraín y la maldad de Samaria
quedarán al descubierto.
Porque ellos cometen fraudes;
mientras el ladrón se mete en las casas,
una banda de salteadores roba en las calles.
2 No se ponen a pensar
que yo tomo en cuenta todas sus maldades.
Sus malas acciones los tienen cercados,
y las tengo muy presentes.

3 »Con su maldad deleitan al rey;
con sus mentiras, a las autoridades.
4 Parecen un horno encendido
cuyo fuego no hace falta atizar
desde que el panadero prepara la harina
hasta que la masa fermenta.
¡Todos ellos son adúlteros!
5 En la fiesta del rey las autoridades se encienden
bajo los efectos del vino,
y el rey pierde su dignidad
codeándose con la plebe.
6 Como el horno, se les prende el corazón,
dispuesto para la intriga.
Su ira se adormece por la noche,
pero se reaviva por la mañana.
7 Todos ellos arden como un horno;
devoran a sus gobernantes.
Caen todos sus reyes,
pero ninguno de ellos me invoca.

8 »Efraín se mezcla con las naciones;
parece una torta cocida de un solo lado.
9 Los extranjeros le minan las fuerzas,
pero él ni cuenta se da.
Su pelo se ha encanecido,
pero él ni cuenta se da.
10 La arrogancia de Israel testifica en su contra,
pero él no se vuelve al Señor su Dios;
a pesar de todo esto, no lo busca.

11 »Efraín es como una paloma
torpe y sin entendimiento,
que unas veces pide ayuda a Egipto
y otras, recurre a Asiria.
12 Pero tan pronto como lo hagan,
lanzaré mi red sobre ellos;
los derribaré como a las aves del cielo,
¡siete veces los castigaré por sus pecados!
13 ¡Ay de ellos, que de mí se alejaron!
¡Que sean destruidos por rebelarse contra mí!
Yo bien podría redimirlos,
pero ellos no me hablan con la verdad.
14 No me invocan de corazón,
sino que se lamentan echados en sus camas.
Para obtener grano y vino nuevo se laceran
y se ponen en mi contra.
15 Yo adiestré y fortalecí sus brazos,
pero ellos maquinan maldades contra mí.
16 No se vuelven al Altísimo;
son como un arco engañoso.
Sus autoridades caerán a filo de espada
por sus palabras insolentes,
y en la tierra de Egipto
se burlarán de ellos.

Comentario

3. Ayuda por sanación

Dios quiere traer sanación a nuestras vidas. El pueblo sabía que si verdaderamente se volvían a Dios, Él los sanaría (6:1).

Si quieres la sanación de Dios, tienes que clamarle desde tu corazón. La queja de Dios contra su pueblo en este pasaje es: «No me invocan de corazón» (7:14b). En palabras de The Message: «En vez de clamar a mi en oración sincera, gritan en sus camas con sus prostitutas» (v.14, MSG).

Los primeros tres versículos del capítulo 6 parecen describir el proceso doloroso por el cual el Señor nos restaura cuando nos escapamos de Él. Sin embargo, no hay reconocimiento del pecado o un arrepentimiento profundo. Puede ser que Oseas ponga palabras a la confesión superficial del pueblo: «El amor de ustedes es como nube matutina, como rocío que temprano se evapora» (6:4).

Lo que está claro es que Dios está interesado en el corazón, no en la acción superficial: «Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios» (v.6). Se preocupa por una relación con Él que venga de corazón.

Su queja es que «ninguno de ellos me invoca» (7:7). Hay una arrogancia, un espíritu independiente en la humanidad que «no se vuelve al Señor su Dios; […], no lo busca» (v.10). El Señor afirma: «Yo bien podría redimirlos, pero […]. No me invocan de corazón» (vv.13-14). Puedes recibir la sanación y el perdón de Dios por todas las cosas que haces mal, pero tienes que clamar a Él desde tu corazón (v.14).

Como escribe Joyce Meyer: «La sanación emocional no es fácil y puede ser muy dolorosa. A veces tenemos heridas que todavía están infectadas y antes de que podamos estar completamente curados, esas heridas deben abrirse para remover la infección. Solo Dios sabe cómo hacer esto correctamente. Mientras buscan a Dios para que sane sus heridas, pasen tiempo con Él en Su Palabra y esperen en Su presencia. ¡Les garantizo que allí encontrarán la sanación!».

Señor, no solo quiero conocerte, sino también ir tras Tu conocimiento (6:3). Clamo desde mi corazón pidiendo sanación, restauración y avivamiento. ¡Ayúdame, Señor!

Añadidos de Pippa

Oseas 6:6 (RVA-2015)

«Porque misericordia quiero yo y no sacrificios».

El diccionario dice que misericordia es «la compasión mostrada a los enemigos o a los que han delinquido dada desde el propio poder». Shakespeare dijo de la misericordia: «Es una doble bendición: bendice al que da y al que la obtiene». Nuestro mundo necesita más misericordia.

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