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Día 199

Cómo sentir el amor de Dios

Sabiduría Salmos 86:11-17
Nuevo Testamento Romanos 4:16-5:11
Antiguo Testamento Amós 6:1-7:17

Introducción

«Feel» (Sentir) es una canción de Robbie Williams en la que escribe: «Solo quiero sentir amor verdadero». Dios quiere que sientas Su amor, quiere que aceptes Su amor en tu corazón; hoy puedes recibir Su amor de una nueva forma.

Recuerdo una ocasión en que nuestro nieto de dos años quería sentir el amor de su padre. Levantó ambas manos y dijo algo como: «Hugga Dadda». Mi hijo alzó a su hijo, lo levantó, lo abrazó, lo besó y lo estrechó contra su pecho. Es maravilloso sostener la mano de un padre, pero es incomparablemente mayor ser abrazado por él. Esta es una ilustración de la experiencia del amor de Dios.

Sabemos que Dios nos ama a través de la cruz: «Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Experimentamos el amor de Dios a través del Espíritu Santo: «Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado» (5:5).

«Toda la Biblia, observa S. Agustín, no hace más que narrar el amor de Dios» —escribe Raniero Cantalamessa— «Esta es la noticia que sostiene y explica todos las demás, […]. El amor de Dios es la última respuesta a todos los porqués, el porqué del hombre y de la Biblia, porqué la Creación, porqué la Redención, porqué la Encarnación, porqué el sufrimiento humano. Si toda la Biblia, hermanos, se pudiera transformar de palabra escrita en palabra pronunciada, se convertiría en una única voz. Esta voz gritaría, más poderosa que el fragor del mar: DIOS OS AMA, el Padre os ama. Todo lo que Dios hace y dice en la Biblia es amor, incluso la cólera de Dios no es más que amor. Dios es amor, dice S. Juan».

Sabiduría

Salmos 86:11-17

11 Instrúyeme, Señor, en tu camino
para conducirme con fidelidad.
Dame integridad de corazón
para temer tu nombre.
12 Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré,
y por siempre glorificaré tu nombre.
13 Porque grande es tu amor por mí:
me has librado de caer en el sepulcro.

14 Gente altanera me ataca, oh Dios;
una banda de asesinos procura matarme.
¡Son gente que no te toma en cuenta!
15 Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo,
lento para la ira, y grande en amor y verdad.
16 Vuélvete hacia mí, y tenme compasión;
concédele tu fuerza a este siervo tuyo.
¡Salva a tu hijo fiel!
17 Dame una muestra de tu amor,
para que mis enemigos la vean y se avergüencen,
porque tú, Señor, me has brindado ayuda y consuelo.

Comentario

1. El amor de Dios es enorme y es personal

Cuando reconoces la grandeza del amor de Dios por ti, tu respuesta es la adoración: «Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré, y por siempre glorificaré tu nombre» (v.12).

David sabía qué era el amor de un Dios personal que cuida de cada individuo. Escribe: «Porque grande es tu amor por mí» (v.13a). Al igual que David, tú eres el «hijo de Dios amado y querido» (v.16, The Message).

La naturaleza de Dios es amar. «Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad» (v.15). David ora: «Dame una muestra de tu amor» (v.17). Pidió —a la luz del amor de Dios por él—, tener «integridad de corazón» (v.11b). Quería responder al amor de Dios por él, con un total compromiso de sí mismo hacia Dios.

Señor, eres clemente y compasivo, desbordante de amor y verdad (v.15). Gracias porque Tu amor por mí es tan grande y tan personal. Dame integridad de corazón.

Nuevo Testamento

Romanos 4:16-5:11

16 Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común 17 delante de Dios, tal como está escrito: «Te he confirmado como padre de muchas naciones.» Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran.

18 Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: «¡Así de numerosa será tu descendencia!» 19 Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. 20 Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. 22 Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia. 23 Y esto de que «se le tomó en cuenta» no se escribió sólo para Abraham, 24 sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. 25 Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.

Paz y alegría

5En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3 Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. 7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! 10 Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! 11 Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.

Comentario

2. Dios demuestra y derrama Su amor

¿Crees que Dios realmente te ama? El amor de Dios nunca te decepcionará, Él nunca dejará de amarte. Su amor por ti es más grande que tus defectos y quiere que recibas Su amor por fe.

Contrariamente a aquello que mucha gente piensa, Dios te ama y quiere darte vida, Él da «vida a los muertos» (4:17). Dios resucitó a Jesús de entre los muertos: Un día todos los que han muerto, en Cristo, también recibirán vida de resurrección. Mientras tanto, Jesús dijo que él vino para que experimentes la vida y la vida en toda su abundancia (Juan 10:10).

Pablo continúa describiendo la fe de Abraham, quien creyó en la promesa de Dios respecto a que él y su esposa Sara tendrían un hijo, aunque ello ya no fuera humanamente posible.

Aprendemos de Abraham que «ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido» (Romanos 4:20-21). En otras palabras, Pablo reitera que Abraham fue justificado por la fe.

Pero la justificación por fe no fue solo para Abraham, «sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor» (v.24). Tú también eres justificado por la fe. Jesús «fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación» (v.25).

Pablo pasa a hablar de las asombrosas consecuencias de este hecho. Porque al ser «justificados mediante la fe», tenemos «paz con Dios», «tenemos acceso» a Su presencia (5:1-2). Puedes acercarte a Dios y hablar con Él cada día, sabiendo que ya no hay barrera entre tú y Él.

«También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades» (v.3, NTV). Podemos regocijarnos en nuestros sufrimientos, «porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado» (vv.3-5).

El amor de Dios ha inundado lo más profundo de tu corazón. Esta experiencia del amor de Dios es profunda y abrumadora. Es el ministerio habitual del Espíritu Santo para ayudarte a sentir el amor de Dios. Si nunca has tenido la experiencia del Espíritu Santo llenando lo más profundo de tu corazón, te animaría simplemente a que le pidas a Dios que te llene en este momento.

Pablo tiene aún más que decir sobre el amor de Dios. Asegura que aun cuando estabas contra Dios, Él envió a Jesús a morir por ti. «Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (v.8).

Por ello es que sabes que Dios te ama. El Padre permitió que Su único Hijo fuera tomado de Su regazo y llevado a la cruz. Aunque no lo merecíamos —éramos pecadores impíos— Jesús murió por nosotros. Dios te ama tanto que no escatimó a su propio hijo.

Si Dios te ama tanto, puedes estar seguro de que tu futuro está asegurado. «Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!» (v.10).

Señor, te doy gracias por haber muerto por mí. Gracias porque me amas tanto y por lo tanto puedo estar seguro de mi futuro. Te pido que vuelvas a derramar Tu amor en mi corazón por medio del Espíritu Santo, y que me ayudes a sentir Tu profundo amor por mí.

Antiguo Testamento

Amós 6:1-7:17

6¡Ay de los que viven tranquilos en Sión
y de los que viven confiados en el monte de Samaria!
¡Ay de los notables de la nación más importante,
a quienes acude el pueblo de Israel!
2 Pasen a Calné y obsérvenla;
vayan de allí a Jamat la grande,
bajen luego a Gat de los filisteos.
¿Acaso son ustedes superiores a estos reinos,
o es más grande su territorio que el de ustedes?
3 Ustedes creen alejar el día de la desgracia,
pero están acercando el imperio de la violencia.
4 Ustedes que se acuestan en camas incrustadas de marfil
y se arrellanan en divanes;
que comen corderos selectos
y terneros engordados;
5 que, a la manera de David,
improvisan canciones al son de la cítara
e inventan instrumentos musicales;
6 que beben vino en tazones
y se perfuman con las esencias más finas
sin afligirse por la ruina de José,
7 marcharán a la cabeza de los desterrados,
y así terminará el banquete de los holgazanes.

8 El Señor omnipotente jura por sí mismo;
esto afirma el Señor Dios Todopoderoso:

«Yo detesto la arrogancia de Jacob;
yo aborrezco sus fortalezas;
por eso entregaré la ciudad al enemigo,
con todo lo que hay en ella.»

9 Sucederá que si en una casa quedan diez hombres con vida, todos morirán. 10 Y cuando vengan a la casa para levantar los cadáveres y quemarlos, algún pariente le preguntará a otro que ande en la casa: «¿Queda alguien más contigo?» Y aquél le responderá: «No.» Entonces le dirá: «¡Cállate! No vayamos a mencionar el nombre del Señor.»

11 Mira, el Señor da la orden
de golpear la casa grande hasta hacerla añicos
y de hacer trizas la casa pequeña.

12 ¿Acaso galopan los caballos por las rocas
o se ara en éstas con bueyes?
Pero ustedes han convertido el derecho en veneno,
y en amargura el fruto de la justicia.
13 Ustedes se regocijan por la conquista de Lo Debar
y agregan: «¿No fue con nuestras propias fuerzas
como nos apoderamos de Carnayin?»

14 «Por tanto, pueblo de Israel,
voy a levantar contra ti a una nación
que te oprimirá desde Lebó Jamat
hasta el torrente del Arabá»,
afirma el Señor, el Dios Todopoderoso.

Tres visiones

7El Señor omnipotente me mostró esta visión: Empezaba a crecer la hierba después de la siega que corresponde al rey, y vi al Señor preparando enjambres de langostas. 2 Cuando las langostas acababan con la hierba de la tierra, exclamé:

—¡ Señor mi Dios, te ruego que perdones a Jacob! ¿Cómo va a sobrevivir, si es tan pequeño?

3 Entonces el Señor se compadeció y dijo:

—Esto no va a suceder.

4 El Señor omnipotente me mostró entonces otra visión: Vi al Señor llamar a juicio con un fuego que devoraba el gran abismo y consumía los campos. 5 Y exclamé:

—¡Deténte, Señor mi Dios, te lo ruego! ¿Cómo sobrevivirá Jacob, si es tan pequeño?

6 Entonces el Señor se compadeció y dijo:

—Esto tampoco va a suceder.

7 El Señor me mostró otra visión: Estaba él de pie junto a un muro construido a plomo, y tenía una cuerda de plomada en la mano. 8 Y el Señor me preguntó:

—¿Qué ves, Amós?

—Una cuerda de plomada —respondí.

Entonces el Señor dijo:

—Mira, voy a tirar la plomada en medio de mi pueblo Israel; no volveré a perdonarlo.

9 »Los altares paganos de Isaac serán destruidos,
y arruinados los santuarios de Israel;
me levantaré con espada
contra el palacio de Jeroboán.

Amasías contra Amós

10 Entonces Amasías, sacerdote de Betel, envió un mensaje a Jeroboán rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país ya no aguanta tanta palabrería de Amós, 11 porque anda diciendo:

»“Jeroboán morirá a espada,
e Israel será llevado cautivo
lejos de su tierra.” »

12 Entonces Amasías le dijo a Amós:

—¡Largo de aquí, vidente! ¡Si quieres ganarte el pan profetizando, vete a la tierra de Judá! 13 No vuelvas a profetizar en Betel, porque éste es el santuario del rey; es el templo del reino.

14 Amós le respondió a Amasías:

—Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que cuido ovejas y cultivo higueras. 15 Pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel.” 16 Así que oye la palabra del Señor. Tú dices:

»“No profetices contra Israel;
deja de predicar contra los descendientes de Isaac.”

17 »Por eso, así dice el Señor:

»“Tu esposa se prostituirá en la ciudad,
y tus hijos y tus hijas caerán a espada.
Tu tierra será medida y repartida,
y tú mismo morirás en un país pagano.
E Israel será llevado cautivo
lejos de su tierra.”

Comentario

3. El amor de Dios y Su dolor

¿Sabes que la ira de Dios no es nada más que amor? Vemos un ejemplo de eso aquí. La ira de Dios está dirigida hacia los líderes que «llevan una vida fácil» (6:1, DHH):

«¡Ay de los que viven en el lujo!

Y esperan que todos los demás les sirvan!

¡Ay de los que solo viven el hoy,

Indiferentes al destino de los demás!

¡Ay de los hombres y mujeres de mundo,

Que piensan que la vida es una fiesta celebrada sola para ellos!

¡Ay de los adictos a sentirse bien: una vida sin dolor!

Los obsesionados con la buena apariencia: una vida sin arrugas!

Les tiene sin cuidado

que su país se va a arruinar» (vv.4-6, The Message).

El problema no es que disfruten de las cosas buenas de la vida, pues ninguna de ellas es pecaminosa en sí misma. El problema es que no les importa el estado del pueblo de Dios. Dios odia el orgullo y la arrogancia (vv.6,8) que no reconoce nuestra necesidad de Él y nos impide experimentar Su amor por nosotros y amar a los demás como Él los ama.

Si los líderes hubieran amado al pueblo de Dios como Dios los amaba, se habrían afligido porque su país iba a la ruina.

Amós fue un ejemplo de alguien que se preocupaba y que hacía algo, y por eso intercedió por el pueblo (7:1-6).

Amós era una persona del común: «Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que cuido ovejas y cultivo higueras. Pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel”» (vv.14-15). Dios no se contentó viendo simplemente cómo florecía la injusticia, pues amaba a su gente demasiado para aceptar eso; así que, erigió a Amós para advertirles de las consecuencias de lo que estaban haciendo y llamarlos para que volvieran a sus caminos.

Como Amós, queremos orar e interceder por nuestra nación:

«¡Señor mi Dios, te ruego que perdones!» (v.2). En Tu gran amor, ten piedad de nosotros. Gracias por amar a Tu iglesia y por que tienes el poder para dar vida a los muertos (Romanos 4:24). Señor, te rogamos que suscites más personas que oigan Tus palabras y las proclamen con valentía, poder y amor.

Añadidos de Pippa

Amós 6:4a

«Ustedes que se acuestan en camas incrustadas de marfil y se arrellanan en divanes».

¡Tener ocasión de hacerlo sería muy elegante!

Versículo del día

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