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Día 198

Como si nunca hubieras pecado

Sabiduría Salmos 86:1-10
Nuevo Testamento Romanos 4:1-15
Antiguo Testamento Amós 5:1-27

Introducción

En los años que ejercí como abogado, me di cuenta de que comparecer ante un tribunal es una experiencia aterradora para muchas personas, incluso si solo están allí como testigos. Ser litigante o acusado puede ser aún más pavoroso. Veía el alivio que sentía un acusado cuando era declarado inocente o cuando un juez declaraba que un litigante estaba «en su derecho».

En el sistema legal del antiguo Israel, una disputa ponía a ambas partes sujetas de la sentencia del tribunal. El proceso ante el tribunal tenía una finalidad redentora; el juez tenía como propósito ayudar a la parte a quien asistía el derecho a corregir el error. Al final del caso, una parte era declarada inocente y la otra era declarada como errada. El cumplimiento exitoso de esta función del tribunal significaba que se había «hecho justicia». La palabra hebrea para justo es «tsaddiq», traducida en algunas versiones de la Biblia como «inocente» o «justo»; alguien cuyo estatus es correcto. Este es el trasfondo de la expresión «ser justificado» en el Antiguo Testamento.

La definición que un niño daría de justificado sería «como si yo» nunca hubiera pecado. Jesús murió por nuestros pecados. Si pones tu fe en él, entonces serás justificado: eres absuelto, eres declarado justo ante sus ojos. El pecado ya no te separa de Dios. Puedes vivir en una relación correcta con Él y con los demás. Esto es «justificación».

Sabiduría

Salmos 86:1-10

Salmo 86

Oración de David.

1 Atiéndeme, Señor; respóndeme,
pues pobre soy y estoy necesitado.
2 Presérvame la vida, pues te soy fiel.
Tú eres mi Dios, y en ti confío;
¡salva a tu siervo!
3 Compadécete, Señor, de mí,
porque a ti clamo todo el día.
4 Reconforta el espíritu de tu siervo,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.

5 Tú, Señor, eres bueno y perdonador;
grande es tu amor por todos los que te invocan.
6 Presta oído, Señor, a mi oración;
atiende a la voz de mi clamor.
7 En el día de mi angustia te invoco,
porque tú me respondes.

8 No hay, Señor, entre los dioses otro como tú,
ni hay obras semejantes a las tuyas.
9 Todas las naciones que has creado
vendrán, Señor, y ante ti se postrarán
y glorificarán tu nombre.
10 Porque tú eres grande y haces maravillas;
¡sólo tú eres Dios!

Comentario

1. Rumores de la justificación

David experimentó la bendición de ser justificado por su fe y ser un hijo de Dios. Clamó: «Presta oído, Señor, a mi oración; atiende a la voz de mi clamor» (v.6). Dios escucha las oraciones de sus hijos como cuando un padre se inclina amorosamente para que su niño pueda susurrarle al oído.

David no tuvo el beneficio de vivir bajo la nueva alianza, pues vivió antes de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Pero, en cierto modo, la cruz no está limitada por el tiempo. Fue efectiva incluso para aquellos que vivieron antes de Jesús; por ejemplo, para Abraham y David. De hecho, Pablo destaca cómo David había conocido las maravillosas bendiciones del perdón y la restauración de Dios (Romanos 4:6-8, Salmo 32:1-2a).

En cierta forma, Pablo está diciendo que David experimentó «la justificación por su fe» pese a que el medio por el cual esta justificación fue completada, aún no habían sucedido.

Primero, entendió el amor de Dios; sabía que el Señor está «lleno de amor inagotable para los que piden [su] ayuda» (Salmo 86:5b).

Segundo, sabía que Dios era misericordioso e indulgente. «Compadécete, Señor, de mí, […]. Tú, Señor, eres bueno y perdonador; […]; atiende a la voz de mi clamor» (vv.3a, 5a, 6b).

Tercero, aunque sabía que no merecía el perdón ni la misericordia —pues no lo había ganado—, tenía la fe para creer que Dios lo salvaría al poner su fe en Él: «Tú eres mi Dios, y en ti confío; ¡salva a tu siervo!» (v.2b).

En otras palabras, David entendió todos los elementos que componen la justificación por la fe, excepto uno; la única pieza que faltaba era la muerte de Jesús por nuestros pecados.

Señor, gracias por Tu increíble amor por mí. Gracias por salvar a aquellos que depositan su confianza en Ti.

Nuevo Testamento

Romanos 4:1-15

Abraham, justificado por la fe

4Entonces, ¿qué diremos en el caso de nuestro antepasado Abraham? 2 En realidad, si Abraham hubiera sido justificado por las obras, habría tenido de qué jactarse, pero no delante de Dios. 3 Pues ¿qué dice la Escritura? «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia.»

4 Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda. 5 Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia. 6 David dice lo mismo cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras:

7 «¡Dichosos aquellos
a quienes se les perdonan las transgresiones
y se les cubren los pecados!
8 ¡Dichoso aquel
cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!»

9 ¿Acaso se ha reservado esta dicha sólo para los que están circuncidados? ¿Acaso no es también para los gentiles? Hemos dicho que a Abraham se le tomó en cuenta la fe como justicia. 10 ¿Bajo qué circunstancias sucedió esto? ¿Fue antes o después de ser circuncidado? ¡Antes, y no después! 11 Es más, cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la fe. Por tanto, Abraham es padre de todos los que creen, aunque no hayan sido circuncidados, y a éstos se les toma en cuenta su fe como justicia. 12 Y también es padre de aquellos que, además de haber sido circuncidados, siguen las huellas de nuestro padre Abraham, quien creyó cuando todavía era incircunciso.

13 En efecto, no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia. 14 Porque si los que viven por la ley fueran los herederos, entonces la fe no tendría ya ningún valor y la promesa no serviría de nada. 15 La ley, en efecto, acarrea castigo. Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Comentario

2. Celebración de la justificación

¿Cómo podemos nosotros —seres humanos pecadores— ser «justos» ante Dios? ¿Cómo puedes ser «justificado» ante Sus ojos? ¿Es solo trabajar duro toda tu vida y después esperar lo mejor?

«No», dice Pablo. Algo maravilloso ocurrió como resultado de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Ahora puedes recibir esta justificación como un regalo sin costo. Lo recibes, no trabajando muy duro, sino por un acto de fe (vv.1-5).

Una de las preguntas más frecuentes en Alpha es: «Si Jesús murió por nuestros pecados, ¿qué sucede con los que vivieron antes de Jesús?».

Pablo sabe que tiene que abordar el caso de Abraham, pues sus oponentes podrían argumentar que Abraham fue justificado como resultado de sus buenas obras, dándole así algo de qué jactarse (v.2). Pablo afirma que las Escrituras dicen: «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia» (v.3, Génesis 15:6). Esta frase —sostiene Pablo— implica que es un don o regalo más que algo ganado (Romanos 4:5).

«Ahora bien, si alguno trabaja, el pago no se le da como un regalo sino como algo merecido. En cambio, si alguno cree en Dios, que hace justo al pecador, Dios le tiene en cuenta su fe para reconocerlo como justo, aunque no haya hecho nada que merezca su favor» (vv.4-5, DHH).

Los opositores de Pablo podrían argumentar que este don solo está disponible para los judíos (los circuncidados), pero Pablo señala que la circuncisión vino para Abraham más adelante (Génesis 17) y por lo tanto, la bendición de la justificación por la fe es tanto para los circuncidados (los judíos) como para los incircuncisos (el resto de la humanidad) (Romanos 4:9-10).

La circuncisión no fue la causa de la justificación, más bien fue un sello. Abraham «cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la fe. Por tanto, Abraham es padre de todos los que creen, aunque no hayan sido circuncidados, y a estos se les toma en cuenta su fe como justicia» (vv.10-11).

La historia de Abraham deja claro que el ser considerado justo no fue debido a las obras, la circuncisión o la ley, sino a la gracia de Dios por medio de la fe en Jesús. Si Abraham fue justificado por la fe, él es el padre de todos los que tienen fe (incluyendo aquellos que no hayan sido circuncidados, vv.11-12).

La cruz es efectiva en todos los tiempos. Incluso aquellos que nunca habían oído hablar de Jesús, pero que confiaron en Dios, fueron justificados por su fe a través de lo que Jesús hizo en la cruz.

¿Necesitas entender todo esto para ser justificado por la fe? De ningún modo. La justificación es por la fe, así que ni siquiera necesitas una comprensión perfecta de la justificación por la fe para ser justificado por la fe; simplemente necesitas tener fe. «Por eso, […], fue un don gratuito, basado en la fe. Es decir, la promesa no es solamente para los que se basan en la ley, sino también para todos los que se basan en la fe» (v.16, DHH).

Padre, te damos muchas gracias por la sorprendente verdad de que somos justificados y declarados inocentes por la muerte de Jesús por nosotros, y por poner nuestra fe en él. Ayúdanos a comprender esta verdad con mayor profundidad y a explicarla con más claridad, para que muchos más conozcan la gran bendición de la justificación por la fe.

Antiguo Testamento

Amós 5:1-27

Advertencias y lamentos

5Oye esta palabra, reino de Israel, este canto fúnebre que por ti entono:

2 «Ha caído la joven Israel,
y no volverá a levantarse;
postrada en su propia tierra,
no hay quien la levante.»

3 Así dice el Señor omnipotente al reino de Israel:

«La ciudad que salía a la guerra con mil hombres
se quedará sólo con cien,
y la que salía con cien
se quedará sólo con diez.»

4 Así dice el Señor al reino de Israel:

«Búsquenme y vivirán.
5 Pero no acudan a Betel,
ni vayan a Guilgal,
ni pasen a Berseba,
porque Guilgal será llevada cautiva,
y Betel, reducida a la nada.»

6 Busquen al Señor y vivirán,
no sea que él caiga como fuego
sobre los descendientes de José,
fuego que devore a Betel
sin que haya quien lo apague.
7 Ustedes convierten el derecho en amargura
y echan por tierra la justicia.

8 El Señor hizo las Pléyades y el Orión,
convierte en aurora las densas tinieblas
y oscurece el día hasta convertirlo en noche.
Él convoca las aguas del mar
y las derrama sobre la tierra.
¡Su nombre es el Señor!
9 Él reduce a la nada la fortaleza
y trae la ruina sobre la plaza fuerte.

10 Ustedes odian al que defiende la justicia en el tribunal
y detestan al que dice la verdad.
11 Por eso, como pisotean al desvalido
y le imponen tributo de grano,
no vivirán en las casas de piedra labrada que han construido,
ni beberán del vino de los selectos viñedos que han plantado.
12 ¡Yo sé cuán numerosos son sus delitos,
cuán grandes sus pecados!

Ustedes oprimen al justo, exigen soborno
y en los tribunales atropellan al necesitado.
13 Por eso en circunstancias como éstas guarda silencio el prudente,
porque estos tiempos son malos.

14 Busquen el bien y no el mal, y vivirán;
y así estará con ustedes el Señor Dios Todopoderoso,
tal como ustedes lo afirman.

15 ¡Odien el mal y amen el bien!
Hagan que impere la justicia en los tribunales;
tal vez así el Señor, el Dios Todopoderoso,
tenga compasión del remanente de José.

16 Por eso, así dice el Señor omnipotente, el Dios Todopoderoso:

«En todas las plazas se escucharán lamentos,
y gritos de angustia en todas las calles.
Llamarán a duelo a los campesinos,
y a los llorones profesionales, a hacer lamentación.
17 Se escucharán lamentos en todos los viñedos
cuando yo pase en medio de ti»,
dice el Señor.

18 ¡Ay de los que suspiran
por el día del Señor!
¿De qué les servirá ese día
si va a ser de oscuridad y no de luz?
19 Será como cuando alguien huye de un león
y se le viene encima un oso,
o como cuando al llegar a su casa,
apoya la mano en la pared
y lo muerde una serpiente.
20 ¿No será el día del Señor de oscuridad y no de luz?
¡Será por cierto sombrío y sin resplandor!

21 «Yo aborrezco sus fiestas religiosas;
no me agradan sus cultos solemnes.
22 Aunque me traigan holocaustos y ofrendas de cereal,
no los aceptaré,
ni prestaré atención
a los sacrificios de comunión de novillos cebados.
23 Aleja de mí el bullicio de tus canciones;
no quiero oír la música de tus cítaras.
24 ¡Pero que fluya el derecho como las aguas,
y la justicia como arroyo inagotable!

25 »Pueblo de Israel, ¿acaso me ofrecieron sacrificios y ofrendas
durante los cuarenta años en el desierto?
26 Ustedes tendrán que cargar con la imagen de Sicut, su rey,
y también con la de Quiyún,
imágenes de esos dioses astrales
que ustedes mismos se han fabricado.
27 Entonces los mandaré al exilio más allá de Damasco»,
dice el Señor, cuyo nombre es Dios Todopoderoso.

Comentario

3. Comunidades de justificación

Dios no está interesado en lo «religioso» que seas. Se preocupa mucho más por la integridad, la justicia y la honradez; sin ello la religiosidad es pura hipocresía. En palabras de The Message,:

«No puedo soportar sus reuniones religiosas.

Estoy harto de sus conferencias y convenciones.

No quiero tener nada que ver con sus proyectos religiosos,

sus lemas y objetivos pretenciosos.

Estoy harto de sus planes para recaudar fondos,

sus relaciones públicas y creación de imagen.

Alejen de mí su música ruidosa egoísta.

¿Cuándo fue la última vez que me cantaron?

¿Saben qué quiero?

Quiero justicia: océanos de ella.

Quiero equidad: ríos de ella.

Eso es lo que quiero. Eso es todo lo que quiero» (vv.21–24, MSG).

Una consecuencia central de la justificación por medio de la fe es que el pueblo de Dios responde actuando con justicia y honradez. Juan Calvino dijo una vez: «Solo la fe justifica, pero la fe que justifica nunca puede estar sola». Nuestra respuesta natural a aquello que Dios ha hecho por nosotros debe ser actuar conforme a Su voluntad.

La honradez y la justicia tienen un papel central en este pasaje y en todo el libro de Amós. Dios quiere justicia para los pobres, Él habla a través del profeta Amós:

«¡Cómo odian ustedes a los jueces honestos!

¡Cómo desprecian a los que dicen la verdad!

Pisotean a los pobres,

robándoles el grano con impuestos y rentas injustas.

Por lo tanto, aunque construyan hermosas casas de piedra,

nunca vivirán en ellas.

Aunque planten viñedos exuberantes,

nunca beberán su vino.

Pues yo conozco la enorme cantidad de sus pecados

y la profundidad de sus rebeliones.

Ustedes oprimen a los buenos al aceptar sobornos

y privan al pobre de la justicia en los tribunales.

Así que los que son listos permanecerán con la boca cerrada,

porque es un tiempo malo» (vv.10–13, NTV).

Dios no permitirá que la injusticia humana continúe para siempre, Él intervendrá y hará justicia. Dios odia la injusticia, Su preocupación por la justicia y la rectitud se resume en el versículo 24: «Que fluya como agua la justicia, y la honradez como un manantial inagotable» (DHH).

Los asuntos de promoción de la justicia como el rescate personas que hacen trabajos forzosos u otros tipos de esclavitud, la lucha contra el tráfico sexual de personas y otras formas de injusticia, deberían ser prioridad en nuestra agenda. Claramente, parecen ser prioridad en la agenda de Dios.

Señor, te doy gracias porque solo la fe justifica, pero oro para que la fe nunca esté sola. Ayúdame a llevar a la vida mi fe actuando justamente y buscando la justicia para todos.

Añadidos de Pippa

Salmo 86:2

«Presérvame la vida».

Hay terribles atrocidades que ocurren en todo el mundo y peligros de todo tipo. Incluso tratar de seguir a Nicky en bicicleta cuando va de camino (a gran velocidad) por las calles de Londres, puede dar mucho miedo. «Presérvame la vida» es una oración reconfortante.

Versículo del día

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References

Nueva Versión Inernacional (NVI)

Copyright © 1999 by Biblica, Inc

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