Día 134

Con Dios es posible

Sabiduría Salmos 60:5-12
Nuevo Testamento Juan 8:12-30
Antiguo Testamento Jueces 18:1-19:30

Introducción

Tenía 18 años cuando conocí a Jesús. Recuerdo claramente una conversación que tuve con un líder cristiano poco después y le dije lo contento que estaba de no haberme convertido en cristiano antes, ya que había podido experimentar la diferencia entre la vida sin Dios y la vida con Dios pero él me señaló el error que cometía al pensar de este modo y apuntó que cuanto más rápido experimentemos la vida con Dios es mucho mejor.

Ahora, al mirar atrás en mi vida, veo la sabiduría de sus palabras y estoy tan agradecido con Dios de que nuestros hijos pueden mirar atrás en sus propias vidas y decir que nunca han experimentado un momento «sin Dios» en su vida.

A lo largo de los años he entrevistado a cientos de personas que han encontrado a Jesús en Alpha, cuando comparan su vida sin Dios y su vida con Dios, transmiten una sensación de gran gozo y alivio y a menudo lamentan no haber comenzado su vida con Dios antes.

Somos creados para vivir en una relación con Dios, sin eso, la vida nunca tendrá sentido. El estar con Dios es aún más importante que lo que haces por Dios. Con Dios, todo es posible.

Sabiduría

Salmos 60:5-12

5 Líbranos con tu diestra, respóndenos
 para que tu pueblo amado quede a salvo.
6 Dios ha dicho en su santuario:
 «Triunfante repartiré a Siquén,
 y dividiré el valle de Sucot.
7 Mío es Galaad, mío es Manasés;
 Efraín es mi yelmo y Judá mi cetro.
8 En Moab me lavo las manos,
 sobre Edom arrojo mi sandalia;
 sobre Filistea lanzo gritos de triunfo.»

9 ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada?
 ¿Quién me mostrará el camino a Edom?
10 ¿No eres tú, oh Dios, quien nos ha rechazado?
 ¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos!
11 Bríndanos tu ayuda contra el enemigo,
 pues de nada sirve la ayuda humana.
12 Con Dios obtendremos la victoria;
 ¡él pisoteará a nuestros enemigos!

Comentario

1. Ganar la victoria

La ayuda humana carece de valor si se compara con la ayuda de Dios, «Con Dios», dice David refiriéndose a las batallas físicas, «obtendremos la victoria» (v.12). El apóstol Pablo escribe que nuestras principales batallas no son físicas; no son «contra carne ni sangre, sino [...] contra espíritus de maldad en los lugares celestiales» (Efesios 6:12, RVA-2015).

David ora: «Líbranos con tu diestra, respóndenos para que tu pueblo amado quede a salvo [...]. Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana. Con Dios obtendremos la victoria» (Salmo 60:5,11-12a).

Oración

Señor, gracias porque con Dios puedo estar tranquilo. En todas las batallas que enfrento hoy, confío en Ti.

Nuevo Testamento

Juan 8:12-30

Validez del testimonio de Jesús

12 Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo:

—Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

13 —Tú te presentas como tu propio testigo —alegaron los fariseos—, así que tu testimonio no es válido.

14 —Aunque yo sea mi propio testigo —repuso Jesús—, mi testimonio es válido, porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. 15 Ustedes juzgan según criterios humanos; yo, en cambio, no juzgo a nadie. 16 Y si lo hago, mis juicios son válidos porque no los emito por mi cuenta sino en unión con el Padre que me envió. 17 En la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. 18 Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí.

19 —¿Dónde está tu padre?

—Si supieran quién soy yo, sabrían también quién es mi Padre.

20 Estas palabras las dijo Jesús en el lugar donde se depositaban las ofrendas, mientras enseñaba en el templo. Pero nadie le echó mano porque aún no había llegado su tiempo.

Yo no soy de este mundo

21 De nuevo Jesús les dijo:

—Yo me voy, y ustedes me buscarán, pero en su pecado morirán. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.

22 Comentaban, por tanto, los judíos: «¿Acaso piensa suicidarse? ¿Será por eso que dice: “Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”?»

23 —Ustedes son de aquí abajo —continuó Jesús—; yo soy de allá arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo. 24 Por eso les he dicho que morirán en sus pecados, pues si no creen que yo soy el que afirmo ser, en sus pecados morirán.

25 —¿Quién eres tú? —le preguntaron.

—En primer lugar, ¿qué tengo que explicarles? —contestó Jesús—. 26 Son muchas las cosas que tengo que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió es veraz, y lo que le he oído decir es lo mismo que le repito al mundo.

27 Ellos no entendieron que les hablaba de su Padre. 28 Por eso Jesús añadió:

—Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, sabrán ustedes que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado. 29 El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada.

30 Mientras aún hablaba, muchos creyeron en él.

Comentario

2. Complacer a Dios

¿Te das cuenta de que puedes complacer a Dios? Jesús afirma: «siempre hago lo que le agrada» (v.29). Este debe ser nuestro objetivo en la vida, agradar a Dios.

Jesús es el modelo para nosotros de una vida con Dios. Él declara: «No estoy solo. El Padre, quien me envió, está conmigo» (v.16, NTV) y añade: «El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo» (v.29a). A lo largo de este pasaje, descubrimos algo acerca de la relación de Jesús con su Padre.

Jesús dice: «Sé de dónde he venido y a dónde voy» (v.14). Muchas personas luchan en la vida porque no saben de dónde vienen o hacia dónde se dirigen, y lo pasan mal por la falta de propósito y dirección en sus vidas. En una relación cercana con Dios, puedes saber de dónde viniste y, en última instancia, hacia dónde vas.

La relación de Jesús con el Padre también fue la fuente de su propósito y dirección día a día. Él declaró: «No hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado» (v.28). Apunta: «El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo» (v.29a).

Este es el ejemplo para nosotros. Dios estaba con Jesús y Jesús sabía que nunca estaba solo; no hubo nada que él hiciera sin Dios. Su deseo fue agradar a Dios en todo momento, «siempre hago lo que le agrada» (v.29b). Esto es lo que le dio a su vida tal poder y eficacia. «Mientras aún hablaba, muchos creyeron en él» (v.30).

Jesús no solo estaba con Dios, sino que era Dios.

Jesús afirma dos veces en el pasaje de hoy: «Yo soy» (8:24,28). Las palabras traducidas «Yo soy» son las mismas palabras que se usan en la traducción griega de Éxodo 3:14-16. Allí, Dios se reveló a Moisés como «YO SOY EL QUE SOY». Este nombre vino a expresar la identidad de Dios y la cercanía de Dios con su pueblo.

Jesús mismo usa este nombre. No poseemos existencia, nacemos y morimos. Recibimos nuestra existencia, Jesús es existencia. Jesús le está diciendo a la gente que Dios se ha acercado una vez más a ellos en él. Jesús es Emanuel, Dios con nosotros.

Jesús apunta que tenemos la más clara demostración de su identidad cuando miramos a la cruz: «Jesús añadió: –Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, sabrán ustedes que yo soy, [el que afirmo ser]» (Juan 8:28).

Jesús tenía plena confianza en su propia identidad. La clave de su confianza e identidad radicaba en su relación con el Padre. Esto mismo también será verdad en ti. Al pasar tiempo con el Padre en oración, en adoración o en la lectura de las Escrituras, crecerá tu sentido de identidad y confianza en Dios, puedes saber de dónde vienes y hacia dónde vas.

No importa lo que la gente diga acerca de ti, puedes caminar con confianza con la cabeza en alto. Tu identidad está en Cristo, está arraigada en lo que él piensa acerca de ti y su presencia contigo.

Oración

Padre, gracias porque estás conmigo y no me has dejado solo. Ayúdame, como Jesús, a hacer siempre lo que te agrada y siempre a decir lo que me has enseñado.

Antiguo Testamento

Jueces 18:1-19:30

La tribu de Dan se establece en Lais

18En aquella época no había rey en Israel, y la tribu de Dan andaba buscando un territorio propio donde establecerse, porque hasta ese momento no había recibido la parte que le correspondía de entre las tribus de Israel. 2 Desde Zora y Estaol los danitas enviaron a cinco de sus hombres más valientes, para que espiaran la tierra y la exploraran. Les dijeron: «Vayan, exploren la tierra.»

Los hombres entraron en la región montañosa de Efraín y llegaron hasta la casa de Micaías, donde pasaron la noche. 3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaías, reconocieron la voz del joven levita; así que entraron allí y le preguntaron:

—¿Quién te trajo aquí? ¿Qué haces en este lugar? ¿Qué buscas aquí?

4 El joven les contó lo que Micaías había hecho por él, y dijo:

—Me ha contratado, y soy su sacerdote.

5 Le dijeron:

—Te rogamos que consultes a Dios para que sepamos si vamos a tener éxito en nuestro viaje.

6 El sacerdote les respondió:

—Vayan en paz. Su viaje tiene la aprobación del Señor.

7 Los cinco hombres se fueron y llegaron a Lais, donde vieron que la gente vivía segura, tranquila y confiada, tal como vivían los sidonios. Gozaban de prosperidad y no les faltaba nada. Además, vivían lejos de los sidonios y no se relacionaban con nadie más. 8 Cuando volvieron a Zora y Estaol, sus hermanos les preguntaron:

—¿Cómo les fue?

9 Ellos respondieron:

—¡Subamos, ataquémoslos! Hemos visto que la tierra es excelente. ¿Qué pasa? ¿Se van a quedar ahí, sin hacer nada? No duden un solo instante en marchar allí y apoderarse de ella. 10 Cuando lleguen allí, encontrarán a un pueblo confiado y una tierra espaciosa que Dios ha entregado en manos de ustedes. Sí, es una tierra donde no hace falta absolutamente nada.

11 Entonces partieron de Zora y Estaol seiscientos danitas armados para la batalla. 12 Subieron y acamparon cerca de Quiriat Yearín en Judá. Por eso hasta el día de hoy el sector oeste de Quiriat Yearín se llama Majané Dan. 13 Desde allí cruzaron hasta la región montañosa de Efraín, y llegaron a la casa de Micaías.

14 Entonces los cinco hombres que habían explorado la tierra de Lais les dijeron a sus hermanos:

—¿Saben que una de esas casas tiene un efod, algunos dioses domésticos, una imagen tallada y un ídolo de fundición? Ahora bien, ustedes sabrán qué hacer.

15 Ellos se acercaron hasta allí, y entraron en la casa del joven levita, que era la misma de Micaías, y lo saludaron amablemente. 16 Los seiscientos danitas armados para la batalla se quedaron haciendo guardia en la entrada de la puerta. 17 Los cinco hombres que habían explorado la tierra entraron y tomaron la imagen tallada, el efod, los dioses domésticos y el ídolo de fundición. Mientras tanto, el sacerdote y los seiscientos hombres armados para la batalla permanecían a la entrada de la puerta.

18 Cuando aquellos hombres entraron en la casa de Micaías y tomaron la imagen tallada, el efod, los dioses domésticos y el ídolo de fundición, el sacerdote les preguntó:

—¿Qué están haciendo?

19 Ellos le respondieron:

—¡Silencio! No digas ni una sola palabra. Ven con nosotros, y serás nuestro padre y sacerdote. ¿No crees que es mejor ser sacerdote de toda una tribu y de un clan de Israel, que de la familia de un solo hombre?

20 El sacerdote se alegró. Tomó el efod, los dioses domésticos y la imagen tallada, y se fue con esa gente. 21 Ellos, poniendo por delante a sus niños, su ganado y sus bienes, se volvieron y partieron.

22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaías, los hombres que vivían cerca de Micaías se reunieron y dieron alcance a los danitas. 23 Como gritaban tras ellos, los danitas se dieron vuelta y le preguntaron a Micaías:

—¿Qué te sucede, que has convocado a tu gente?

24 Micaías les respondió:

—Ustedes se llevaron mis dioses, que yo mismo hice, y también se llevaron a mi sacerdote y luego se fueron. ¿Qué más me queda? ¡Y todavía se atreven a preguntarme qué me sucede!

25 Los danitas respondieron:

—No nos levantes la voz, no sea que algunos de los nuestros pierdan la cabeza y los ataquen a ustedes, y tú y tu familia pierdan la vida.

26 Y así los danitas siguieron su camino. Micaías, viendo que eran demasiado fuertes para él, se dio la vuelta y regresó a su casa. 27 Así fue como los danitas se adueñaron de lo que había hecho Micaías, y también de su sacerdote, y marcharon contra Lais, un pueblo tranquilo y confiado; mataron a sus habitantes a filo de espada, y quemaron la ciudad. 28 No hubo nadie que los librara, porque vivían lejos de Sidón y no se relacionaban con nadie más. La ciudad estaba situada en un valle cercano a Bet Rejob.

Después los mismos danitas reconstruyeron la ciudad y se establecieron allí. 29 La llamaron Dan en honor a su antepasado del mismo nombre, que fue hijo de Israel, aunque antes la ciudad se llamaba Lais. 30 Allí erigieron para sí la imagen tallada, y Jonatán, hijo de Guersón y nieto de Moisés, y sus hijos fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo del exilio. 31 Instalaron la imagen tallada que había hecho Micaías, y allí quedó todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Siló.

El levita y su concubina

19En la época en que no había rey en Israel, un levita que vivía en una zona remota de la región montañosa de Efraín tomó como concubina a una mujer de Belén de Judá. 2 Pero ella le fue infiel y lo dejó, volviéndose a la casa de su padre, en Belén de Judá. Había estado allí cuatro meses 3 cuando su esposo fue a verla para convencerla de que regresara. Con él llevó a un criado suyo y dos asnos. Ella lo hizo pasar a la casa de su propio padre, quien se alegró mucho de verlo. 4 Su suegro, padre de la muchacha, lo convenció de que se quedara, y él se quedó con él tres días, comiendo, bebiendo y durmiendo allí.

5 Al cuarto día madrugaron y él se dispuso a salir, pero el padre de la muchacha le dijo a su yerno: «Repón tus fuerzas con algo de comida; luego podrás irte.» 6 Así que se sentaron a comer y a beber los dos juntos. Después el padre de la muchacha le pidió: «Por favor, quédate esta noche para pasarla bien.» 7 Cuando el levita se levantó para irse, su suegro le insistió de tal manera que se vio obligado a quedarse allí esa noche. 8 Al quinto día madrugó para irse, pero el padre de la muchacha le dijo: «Repón tus fuerzas. ¡Espera hasta la tarde!» Así que los dos comieron juntos.

9 Cuando el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado, su suegro, que era el padre de la muchacha, le dijo: «Mira, está a punto de oscurecer, y el día ya se termina. Pasa aquí la noche; quédate para pasarla bien. Mañana podrás madrugar y emprender tu camino a casa.» 10 No queriendo quedarse otra noche, el hombre salió y partió rumbo a Jebús, es decir, Jerusalén, con sus dos asnos ensillados y su concubina.

11 Cuando estaban cerca de Jebús, y ya era casi de noche, el criado le dijo a su amo:

—Vamos, desviémonos hacia esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella.

12 Pero su amo le replicó:

—No. No nos desviaremos para entrar en una ciudad extranjera, cuyo pueblo no sea israelita. Seguiremos hasta Guibeá.

13 Luego añadió:

—Ven, tratemos de acercarnos a Guibeá o a Ramá, y pasemos la noche en uno de esos lugares.

14 Así que siguieron de largo, y al ponerse el sol estaban frente a Guibeá de Benjamín. 15 Entonces se desviaron para pasar la noche en Guibeá. El hombre fue y se sentó en la plaza de la ciudad, pero nadie les ofreció alojamiento para pasar la noche.

16 Aquella noche volvía de trabajar en el campo un anciano de la región montañosa de Efraín, que vivía en Guibeá como forastero, pues los hombres del lugar eran benjaminitas. 17 Cuando el anciano miró y vio en la plaza de la ciudad al viajero, le preguntó:

—¿A dónde vas? ¿De dónde vienes?

18 El viajero le respondió:

—Estamos de paso. Venimos de Belén de Judá, y vamos a una zona remota de la región montañosa de Efraín, donde yo vivo. He estado en Belén de Judá, y ahora me dirijo a la casa del Señor, pero nadie me ha ofrecido alojamiento. 19 Tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también pan y vino para mí y para tu sierva, y para el joven que está conmigo. No nos hace falta nada.

20 —En mi casa serás bienvenido —le dijo el anciano—. Yo me encargo de todo lo que necesites. Pero no pases la noche en la plaza.

21 Así que lo llevó a su casa y dio de comer a sus asnos y, después de lavarse los pies, comieron y bebieron.

22 Mientras pasaban un momento agradable, algunos hombres perversos de la ciudad rodearon la casa. Golpeando la puerta, le gritaban al anciano dueño de la casa:

—¡Saca al hombre que llegó a tu casa! ¡Queremos tener relaciones sexuales con él!

23 El dueño de la casa salió y les dijo:

—No, hermanos míos, no sean tan viles, pues este hombre es mi huésped. ¡No cometan con él tal infamia! 24 Miren, aquí está mi hija, que todavía es virgen, y la concubina de este hombre. Las voy a sacar ahora, para que las usen y hagan con ellas lo que bien les parezca. Pero con este hombre no cometan tal infamia.

25 Aquellos perversos no quisieron hacerle caso, así que el levita tomó a su concubina y la echó a la calle. Los hombres la violaron y la ultrajaron toda la noche, hasta el amanecer; ya en la madrugada la dejaron ir. 26 Despuntaba el alba cuando la mujer volvió, y se desplomó a la entrada de la casa donde estaba hospedado su marido. Allí se quedó hasta que amaneció.

27 Cuando por la mañana su marido se levantó y abrió la puerta de la casa, dispuesto a seguir su camino, vio allí a su concubina, tendida a la entrada de la casa y con las manos en el umbral. 28 «¡Levántate, vámonos!», le dijo, pero no obtuvo respuesta. Entonces el hombre la puso sobre su asno y partió hacia su casa.

29 Cuando llegó a su casa, tomó un cuchillo y descuartizó a su concubina en doce pedazos, después de lo cual distribuyó los pedazos por todas las regiones de Israel. 30 Todo el que veía esto decía: «Nunca se ha visto, ni se ha hecho semejante cosa, desde el día que los israelitas salieron de la tierra de Egipto. ¡Piensen en esto! ¡Considérenlo y dígannos qué hacer!»

Comentario

3. Hacer brillar la luz de Dios

Las atrocidades cometidas por el Daes como la decapitación y crucifixión de víctimas inocentes, el abuso en general de niños, el terrible mal de la trata de seres humanos y la esclavitud moderna – nos hacen ver que vivimos en un mundo oscuro. Pero no vivimos sin esperanza. Con Dios, la luz puede expulsar la oscuridad.

Israel estaba en un período oscuro de su historia. El pueblo fue llamado a caminar en una estrecha relación con Dios bajo el gobierno directo y el reinado de Dios como su Rey. Si hubieran vivido así no habrían necesitado un rey humano.

Sin embargo, ahora vivían en el peor escenario posible. No vivían bajo el reinado del Señor, ni siquiera tenían un rey humano para mantener el orden y frenar el caos.

Estos eran días sombríos. «En aquella época no había rey en Israel» (18:1, 19:1). Se inclinaron a la adoración de ídolos (Capítulo 18). Leemos el relato terrible y perturbador de los malvados excesos en una tierra sin ley. La espantosa violación, abuso y disección de una mujer, hizo que todo el que lo viera dijera: «Nunca se ha visto, ni se ha hecho semejante cosa, desde el día que los israelitas salieron de la tierra de Egipto. ¡Piensen en esto! ¡Considérenlo y dígannos qué hacer!» (19:30). Aquel fue un tiempo de total oscuridad, de vida sin Dios.

Por más terrible que fuera aquella atrocidad, no ha sido la única en la historia del mundo. Pueden ocurrir atrocidades terribles cuando una sociedad rechaza a Dios y a sus leyes, haciéndola presa a veces del caos más absoluto.

En una entrevista se le preguntó al general canadiense Romeo Dallaire, quien formaba parte de la misión de la ONU en Ruanda y fue testigo del genocidio, cómo todavía podía creer en Dios. Él respondió: «Yo sé que hay un Dios, porque en Ruanda le di la mano al diablo. Lo he visto, lo he olido y lo he tocado. Sé que el diablo existe y por lo tanto, sé que hay un Dios».

En el lenguaje bíblico, la «oscuridad» no es solo la noche, sino también las fuerzas del mal que pueden seducirnos y alejarnos de caminar en la dirección correcta hacia la luz de la vida: Jesús es quien trae luz a este mundo oscuro.

Jesús se pone en el lugar de Dios con toda naturalidad y en una chocante afirmación asegura que él es «la luz del mundo» (Juan 8:12). Un mundo sin Dios es un mundo en tinieblas. Pero Jesús señaló: «El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).

Cuando te vuelves a Jesús, sales de la oscuridad de la vida sin Dios a la luz de la vida con Él. Jesús nos llama de las tinieblas, el conflicto y la muerte, a la luz de la vida y el amor. Él le da sentido y dirección a tu vida. No solo eso, sino que cuando vivimos con Dios, buscando complacerlo, encarnamos juntos la «luz de la vida» para traer luz a nuestro mundo oscuro.

De verdad puedes marcar la diferencia en el mundo que te rodea. Tu vida en Cristo puede brillar como luz en medio de la oscuridad espiritual del mundo que te rodea. Como dijo Martin Luther King: «La oscuridad no puede suprimir a la oscuridad; sólo puede hacerlo el amor. El odio multiplica el odio, […] el odio descoyunta la personalidad, y el amor la unifica de una forma sorprendente y eficaz».

Oración

Señor, ayúdanos a ser una comunidad que trae tu luz a un mundo oscuro. Ayúdanos como individuos y como iglesia a vivir contigo, a complacerte y a traer la luz de la vida, el amor y el gozo a los que nos rodean hoy.

Añadidos de Pippa

Jueces 19

Estoy consternada por la forma en que eran tratadas las mujeres en el Antiguo Testamento (y todavía hoy en algunas partes del mundo). Doy gracias porque cuando Jesús vino, restauró nuestra dignidad y rompió las barreras de género de la época.

Versículo del día

Juan 8:12

'Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.'
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