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Día 257

«¿Eres salvo?»

Sabiduría Salmos 107:10-22
Nuevo Testamento Gálatas 1:1-24
Antiguo Testamento Isaías 33:1-35:10

Introducción

Tengo una foto en el alféizar de la ventana de mi estudio del Obispo Westcott que su bisnieto me dio. El obispo B.F. Westcott, fue un académico inglés del siglo XIX y profesor Regius (es decir, nombrado por la realeza) de Teología de la Universidad de Cambridge.

En una ocasión se le acercó un ferviente estudiante que le preguntó: «¿Es usted salvo?». «¡Vaya!» —dijo el Obispo— «es una muy buena pregunta. Pero dígame: ¿quiere decir ...?». Y luego mencionó tres participios pasivos del verbo griego «salvar», indicando que su respuesta dependería de cuál de aquellos tres tenía en mente el estudiante (la traducción al español en este caso se da en letra cursiva). «Sé que he sido salvado» —dijo—, «creo que estoy siendo salvado; y espero por la gracia de Dios ser salvo».

«Salvación» es una palabra de un gran calado que comprende muchas cosas. Significa «libertad». Como señaló el obispo, hay tres tiempos verbales para la salvación: has sido liberado de la pena del pecado, estás siendo liberado del poder del pecado y serás liberado de la presencia del pecado.

Sabiduría

Salmos 107:10-22

10 Afligidos y encadenados,
    habitaban en las más densas tinieblas
11 por haberse rebelado contra las palabras de Dios,
    por menospreciar los designios del Altísimo.
12 Los sometió a trabajos forzados;
    tropezaban, y no había quien los ayudara.
13 En su angustia clamaron al Señor,
    y él los salvó de su aflicción.
14 Los sacó de las sombras tenebrosas
    y rompió en pedazos sus cadenas.
15 ¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
16 ¡Él hace añicos las puertas de bronce
    y rompe en mil pedazos las barras de hierro!

17 Trastornados por su rebeldía,
    afligidos por su iniquidad,
18 todo alimento les causaba asco.
    ¡Llegaron a las puertas mismas de la muerte!
19 En su angustia clamaron al Señor,
    y él los salvó de su aflicción.
20 Envió su palabra para sanarlos,
    y así los rescató del sepulcro.
21 ¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
22 ¡Que ofrezcan sacrificios de gratitud,
    y jubilosos proclamen sus obras!

Comentario

1. Reconoce la libertad del pasado

El salmista sigue dando gracias a Dios por las muchas veces que ha salvado a Su pueblo cuando este ha clamado a Él en su aflicción (vv.13,19). Dios los liberó en cada ocasión.

En esta sección vemos dos ejemplos:

  • Libertad de las cadenas del pecado

Aquí la gente está sentada en «las más densas tinieblas», prisioneros afligidos y encadenados (v.10). «En su angustia clamaron al Señor, y él los salvó de su aflicción» (v.13).

Frecuentemente aquello que le sucedió a la gente físicamente en el Antiguo Testamento, es una imagen de lo que nos sucede espiritualmente en el Nuevo Testamento.

El pecado conduce a la oscuridad y a la penumbra más profunda. Es adictivo y encadena nuestros corazones. En la cruz, Jesús rompió las cadenas; perdona tus pecados y te libera. Puedes declarar como Charles Wesley: «Mis cadenas se rompieron, mi corazón estaba libre. Me levanté, salí y te seguí».

  • Libertad del miedo a la muerte

El salmista continúa diciendo que de nuevo se rebelaron y se acercaron a las puertas de la muerte. Otra vez clamaron al Señor y Él los salvó. «Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro» (v.20).

De nuevo, esto prefigura lo que Jesús hizo por ti. Te rescató de la tumba y del miedo a la muerte a través de su muerte y resurrección. Eres liberado de la muerte, del miedo a la muerte y de todos los temores que conlleva. No es de extrañar que el salmista escribiera:

«¡Que den gracias al Señor por su gran amor,

por sus maravillas en favor de los hombres!

¡Que ofrezcan sacrificios de gratitud,

y jubilosos proclamen sus obras!» (vv.21 - 22).

Oración

Señor, ¿cómo puedo darte las gracias por liberarme de las cadenas del pecado y de su adicción? Gracias porque no necesito temer a la muerte nunca porque tú, Jesús, has conquistado la muerte a través de tu muerte y resurrección.

Nuevo Testamento

Gálatas 1:1-24

1Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; 2 y todos los hermanos que están conmigo,

a las iglesias de Galacia:

3 Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. 4 Jesucristo dio su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo malvado, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

No hay otro evangelio

6 Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. 7 No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. 8 Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! 9 Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!

10 ¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.

Pablo, llamado por Dios

11 Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que yo predico no es invención humana. 12 No lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano, sino que me llegó por revelación de Jesucristo.

13 Ustedes ya están enterados de mi conducta cuando pertenecía al judaísmo, de la furia con que perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla. 14 En la práctica del judaísmo, yo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi celo exagerado por las tradiciones de mis antepasados. 15 Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Cuando él tuvo a bien 16 revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté con nadie. 17 Tampoco subí a Jerusalén para ver a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui de inmediato a Arabia, de donde luego regresé a Damasco.

18 Después de tres años, subí a Jerusalén para visitar a Pedro, y me quedé con él quince días. 19 No vi a ningún otro de los apóstoles; sólo vi a Jacobo, el hermano del Señor. 20 Dios me es testigo que en esto que les escribo no miento. 21 Más tarde fui a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Pero en Judea las iglesias de Cristo no me conocían personalmente. 23 Sólo habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora predica la fe que procuraba destruir.» 24 Y por causa mía glorificaban a Dios.

Comentario

2. Disfruta de la libertad en el presente

Tu salvación fue conquistada a un gran costo. «Jesucristo dio su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo malvado» (v.4).

La carta a los Gálatas fue escrita en contra de un contexto en el cual la libertad del evangelio estaba bajo amenaza. Es una de las primeras cartas de Pablo, posiblemente escritas ya en el año 48 d. C. Pablo está ardiendo de indignación porque la libertad del evangelio está bajo amenaza. La libertad es difícil de ser conquistada y se pierde fácilmente.

La religión puede usarse como medio de controlar a las personas. Así la utilizó Saulo de Tarso. Posteriormente, encontró a Jesús y experimentó algo radicalmente diferente: una libertad que viene de adentro.

El mensaje del evangelio es un mensaje de libertad. Eres liberado del pecado, la culpa, la vergüenza, la adicción y la muerte. También, eres liberado de la justificación mediante las obras de la ley. Los hombres no tienen que circuncidarse. En primer lugar, no debes convertirte en un cristiano judío antes de que puedas convertirte propiamente en cristiano. La apasionada indignación de Pablo en esta carta se explica por el hecho de que la libertad del evangelio estaba en juego.

En sus primeros viajes había fundado una serie de iglesias en la provincia romana de Galacia y les había contado de aquel Jesús que nos libera; habían experimentado aquella libertad. Algunos años más tarde, ciertos líderes religiosos habían venido cuestionando las opiniones y la autoridad de Pablo, tratando de introducir normas y regulaciones que habrían acabado con la nueva libertad de los Gálatas.

Estaban diciendo que no era suficiente poner su fe en Jesús, sino que también tenían que circuncidarse. Estaban demarcando los límites de lo que significaba ser un verdadero cristiano con demasiada restricción.

Hoy en día, algunas personas intentan trazar este tipo de límites al decir que no es suficiente ser cristiano, sino que necesitas ser «como nosotros». Necesitas ser «evangélico» o «católico» o «pentecostal», tienes que ser como ellos, lo mismo que son ellos. Tienes que ser una clase particular de cristiano para ser propiamente cristiano. Pero la fe en Jesús es suficiente. No hace falta la circuncisión o ninguna otra marca. Aceptémonos unos a otros sobre la base de la fe en Jesús, más que sobre la clase de cristiano que somos.

Pablo testifica sobre su propia experiencia de encontrar su libertad en Jesús y cómo aquella lo cambió de ser alguien que con furia «perseguía a la iglesia de Dios, tratando de destruirla» a alguien que «ahora predica la fe que procuraba destruir» (vv.13,23; MSG). La conversión de Pablo nos recuerda que nadie está más allá del alcance de Dios, ni siquiera un miembro del Daesh.

¿Alguna vez te has preguntado si Dios podría usarte? ¿Alguna vez has pensado que algo que has hecho en el pasado podría descalificarte? El testimonio de Pablo es una prueba de que Dios no solo perdona, sino que también te libera y te puede usar mucho, sin importar lo que hayas hecho en el pasado.

Aquel testimonio fue poderoso; en palabras de The Message: «Su respuesta fue reconocer y adorar a Dios por causa mía» (v.24, MSG). Tu testimonio, quizá aparentemente menos espectacular que el de Pablo, tendrá un impacto en aquellos que lo escuchen.

Oración

Señor, gracias porque en el momento en que ponemos nuestra fe en Jesús encontramos la verdadera libertad.

Antiguo Testamento

Isaías 33:1-35:10

Angustia y auxilio

33¡Ay de ti, destructor, que no has sido destruido!
¡Ay de ti, traidor, que no has sido traicionado!
Cuando dejes de destruir, te destruirán;
cuando dejes de traicionar, te traicionarán.

2 Señor, ten compasión de nosotros;
    pues en ti esperamos.
Sé nuestra fortaleza cada mañana,
    nuestra salvación en tiempo de angustia.
3 Al estruendo de tu voz, huyen los pueblos;
    cuando te levantas, se dispersan las naciones.
4 Los despojos de ustedes se recogen
    como si fueran devorados por orugas;
sobre ellos se lanza el enemigo
    como una bandada de langostas.

5 Exaltado es el Señor porque mora en las alturas,
    y llena a Sión de justicia y rectitud.
6 Él será la seguridad de tus tiempos,
    te dará en abundancia salvación, sabiduría y conocimiento;
    el temor del Señor será tu tesoro.

7 ¡Miren cómo gritan sus valientes en las calles!
    ¡amargamente lloran los mensajeros de paz!
8 Los caminos están desolados,
    nadie transita por los senderos.
El pacto se ha quebrantado,
    se desprecia a los testigos,
¡a nadie se le respeta!
9 La tierra está de luto y languidece;
    el Líbano se avergüenza y se marchita;
Sarón es como un desierto;
    Basán y el Carmelo pierden su follaje.

10 «Ahora me levantaré —dice el Señor —.
    Ahora seré exaltado,
    ahora seré ensalzado.
11 Ustedes conciben cizaña
    y dan a luz paja;
    ¡pero el fuego de mi aliento los consumirá!
12 Los pueblos serán calcinados,
    como espinos cortados arderán en el fuego.»

13 Ustedes, que están lejos,
    oigan lo que he hecho;
y ustedes, que están cerca,
    reconozcan mi poder.
14 Los pecadores están aterrados en Sión;
    el temblor atrapa a los impíos:
«¿Quién de nosotros puede habitar
    en el fuego consumidor?
¿Quién de nosotros puede habitar
    en la hoguera eterna?»
15 Sólo el que procede con justicia
    y habla con rectitud,
el que rechaza la ganancia de la extorsión
    y se sacude las manos para no aceptar soborno,
el que no presta oído a las conjuras de asesinato
    y cierra los ojos para no contemplar el mal.
16 Ese tal morará en las alturas;
    tendrá como refugio una fortaleza de rocas,
se le proveerá de pan,
    y no le faltará el agua.

17 Tus ojos verán al rey en su esplendor
    y contemplarán una tierra que se extiende hasta muy lejos.
18 Dentro de ti meditarás acerca del terror, y dirás:
    «¿Dónde está el contador?
¿Dónde el recaudador de impuestos?
    ¿Dónde el que lleva el registro de las torres?»
19 No verás más a ese pueblo insolente,
    a ese pueblo de idioma confuso,
    de lengua extraña e incomprensible.

20 Mira a Sión, la ciudad de nuestras fiestas;
    tus ojos verán a Jerusalén,
morada apacible, campamento bien plantado;
    sus estacas jamás se arrancarán,
ni se romperá ninguna de sus sogas.
21 Allí el Señor nos mostrará su poder.
    Será como un lugar de anchos ríos y canales.
Ningún barco de remos surcará sus aguas,
    ni barcos poderosos navegarán por ellas.
22 Porque el Señor es nuestro guía;
    el Señor es nuestro gobernante.
El Señor es nuestro rey:
    ¡Él nos salvará!

23 Tus cuerdas se han aflojado:
    No sostienen el mástil con firmeza
ni se despliegan las velas.
    Abundante botín habrá de repartirse,
y aun los cojos se dedicarán al saqueo.
24 Ningún habitante dirá: «Estoy enfermo»;
    y se perdonará la iniquidad del pueblo que allí habita.

Juicio contra las naciones

34Naciones, ¡acérquense a escuchar!
Pueblos, ¡presten atención!
¡Que lo oiga la tierra, y todo lo que hay en ella;
el mundo, y todo lo que él produce!
2 El Señor está enojado con todas las naciones,
    airado con todos sus ejércitos.
Él los ha destruido por completo,
    los ha entregado a la matanza.
3 Serán arrojados sus muertos,
    hedor despedirán sus cadáveres,
    su sangre derretirá las montañas.
4 Se desintegrarán todos los astros del cielo
    y se enrollará el cielo como un pergamino;
toda la multitud de astros perderá su brillo,
    como lo pierde la hoja marchita de la vid,
o los higos secos de la higuera.

5 Mi espada se ha embriagado en el cielo;
    miren cómo desciende en juicio sobre Edom,
    pueblo que he condenado a la destrucción total.
6 La espada del Señor está bañada en sangre,
    en la sangre de cabras y corderos;
cubierta está de grasa,
    de la grasa de los riñones de carneros.
Porque el Señor celebra un sacrificio en Bosra
    y una gran matanza en tierra de Edom.
7 Y con ellos caerán los búfalos,
    los terneros y los toros.
Su tierra quedará empapada en sangre,
    y su polvo se llenará de grasa.

8 Porque el Señor celebra un día de venganza,
    un año de desagravio
    para defender la causa de Sión.
9 Los arroyos de Edom se volverán ríos de brea,
    su polvo se convertirá en azufre
    y ardiente brea se volverá su tierra.
10 Ni de día ni de noche se extinguirá,
    y su humo subirá por siempre.
Quedará desolada por todas las generaciones;
    nunca más transitará nadie por ella.
11 Se adueñarán de ella el pelícano y el erizo;
    anidarán allí el búho y el cuervo.
Dios extenderá sobre Edom
    el cordel del caos
y la plomada de la desolación.
12 Sus nobles no tendrán allí
    nada que pueda llamarse reino;
    todos sus príncipes desaparecerán.
13 Los espinos invadirán sus palacios;
    las ortigas y las zarzas, sus fortalezas.
Se volverá guarida de chacales
    y nido de avestruces.
14 Las fieras del desierto se juntarán con las hienas,
    y las cabras monteses se llamarán unas a otras;
allí también reposarán las aves nocturnas
    y encontrarán un lugar de descanso.
15 Allí el búho anidará y pondrá sus huevos;
    bajo sus alas incubará y cuidará a sus crías.
También allí se reunirán los buitres,
    cada cual con su pareja.

16 Consulten el libro del Señor y lean:

Ninguno de estos animales faltará;
cada cual tendrá su pareja.
El Señor mismo ha dado la orden,
y su Espíritu los ha de reunir.
17 Él les ha asignado sus lugares;
    su mano les señaló su territorio.
Ellos los poseerán para siempre,
    y morarán allí por todas las generaciones.

La alegría de los redimidos

35Se alegrarán el desierto y el sequedal;
se regocijará el desierto
y florecerá como el azafrán.
2 Florecerá y se regocijará:
    ¡gritará de alegría!
Se le dará la gloria del Líbano,
    y el esplendor del Carmelo y de Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor,
    el esplendor de nuestro Dios.

3 Fortalezcan las manos débiles,
    afirmen las rodillas temblorosas;
4 digan a los de corazón temeroso:
    «Sean fuertes, no tengan miedo.
Su Dios vendrá,
    vendrá con venganza;
con retribución divina
    vendrá a salvarlos.»

5 Se abrirán entonces los ojos de los ciegos
    y se destaparán los oídos de los sordos;
6 saltará el cojo como un ciervo,
    y gritará de alegría la lengua del mudo.
Porque aguas brotarán en el desierto,
    y torrentes en el sequedal.
7 La arena ardiente se convertirá en estanque,
    la tierra sedienta en manantiales burbujeantes.
Las guaridas donde se tendían los chacales,
    serán morada de juncos y papiros.

8 Habrá allí una calzada
    que será llamada Camino de santidad.
No viajarán por ella los impuros,
    ni transitarán por ella los necios;
será sólo para los que siguen el camino.
9 No habrá allí ningún león,
    ni bestia feroz que por él pase;
¡Allí no se les encontrará!
    ¡Por allí pasarán solamente los redimidos!
10 Y volverán los rescatados por el Señor,
    y entrarán en Sión con cantos de alegría,
coronados de una alegría eterna.
    Los alcanzarán la alegría y el regocijo,
y se alejarán la tristeza y el gemido.

Comentario

3. Anticipa la libertad en el futuro

Aunque hayas sido salvado del castigo del pecado y estás siendo salvado del poder del pecado, esto es solo un anticipo de una libertad aún mayor: librarse de la presencia del pecado, de las luchas de esta vida. Esperas el tiempo en que conocerás el gozo eterno, cuando el dolor y los lamentos serán eliminados (35:10).

Isaías pinta la imagen de un desierto quemado (capítulo 34), pero luego se anticipa a cómo el desierto se transformará en un exuberante jardín con manantiales burbujeantes, azafranes florecientes, césped, cañas y ríos que fluyen (capítulo 35).

Al ser llevado al exilio en Babilonia, el pueblo de Dios anhelaba con anticipación y expectante el ser rescatado por Dios y ser llevado a la libertad de Jerusalén.

Sin embargo, esta imagen en Isaías 35 es algo mucho más grande que el regreso a una patria física. Esta es una profecía del pueblo de Dios volviendo a su patria eterna.

Isaías escribe que «volverán los rescatados por el Señor, y entrarán en Sión con cantos de alegría, coronados de una alegría eterna.

Los alcanzarán la alegría y el regocijo, y se alejarán la tristeza y el gemido» (v.10).

Mientras estás en la anticipación de la libertad futura —así como lo estuvo el pueblo de Israel—, ¿cómo debes esperar? ¿En frustración? ¿Enojado? ¿Con incredulidad? ¿En negación? ¿En rechazo?

Isaías nos da dos mandatos acerca de cómo esperar:

  • Ser fuertes

«Fortalezcan las manos débiles, afirmen las rodillas temblorosas; digan a los de corazón temeroso: “Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá”» (vv.3–4).

  • Ser santos

«Habrá allí una calzada que será llamada Camino de santidad. No viajarán por ella los impuros, ni transitarán por ella los necios; será solo para los que siguen el camino. […];

¡Allí no se les encontrará! ¡Por allí pasarán solamente los redimidos!» (vv.8–9).

Sean cuales sean los altibajos en tu vida, trata de levantar la cabeza y mirar al frente. Con el ojo de tu mente, puedes mirar más allá (hasta el cielo) cuando pases por luchas, desafíos e incluso tu propia muerte. Está bien anticiparte a la liberación de las luchas actuales que experimentarás.

Tener en tu mente este futuro seguro te permitirá vivir una vida fuerte y santa en el ahora; incluso en los tiempos de dolor y llanto.

Oración

Señor, gracias porque con Tu victoria en la cruz, un día toda la creación será liberada. Mientras aguardo ese día, sé mi fortaleza cada mañana (Isaías 33:2).

Añadidos de Pippa

Gálatas 1:12b

«… sino que me llegó por revelación de Jesucristo».

Es asombroso cuando alguien se encuentra con Dios sin intervención humana. Debemos seguir orando para que la gente sea despertada en la noche con una visión de Jesús, en especial si están en alguna parte del mundo donde es improbable que oigan hablar de Jesús.

Muchos, sin embargo, se convierten en cristianos después de escuchar a alguien hablar de su fe. Tendremos algunas oportunidades maravillosos para esto en la iglesia durante las próximas semanas. Alpha en HTB comienza el 27 de septiembre. Oremos para que haya gente como San Pablo que pasa de perseguidores a predicadores en pocos días.

Versículo del día

Isaías 35:4

'Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con venganza; con retribución divina vendrá a salvarlos.'
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References

Escritura marcada (MSG) es tomada de la traducción bíblica The Message, no está traducida a español, se parafrasea.

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Scripture quotations marked (AMP) taken from the Amplified® Bible, Copyright © 1954, 1958, 1962, 1964, 1965, 1987 by The Lockman Foundation. Used by permission. (www.Lockman.org)

Scripture marked (MSG) taken from The Message. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Used by permission of NavPress Publishing Group.

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