Día 175

Tres maneras de empoderar a la generación venidera

Sabiduría Salmos 78:1-8
Nuevo Testamento Hechos 16:1-15
Antiguo Testamento 1 Reyes 12:25-14:20

Introducción

Estoy muy agradecido a Jonathan Fletcher. Cuando encontré a Jesús por primera vez en 1974, Jonathan se dedicó a quedar conmigo tres horas semanales durante todo un año, y así seguimos haciéndolo hasta que acabé la universidad. Se convirtió en un gran amigo que me enseñó la fe cristiana explicándome cómo leer la Biblia y cómo orar, y me recomendó libros cristianos además de responder a mis preguntas.

Aunque yo acababa apenas de haberme encontrado con Jesús, me animó a llevar a otros a la fe en él y a transmitir inmediatamente lo que estaba aprendiendo.

Al terminar la universidad, Sandy Millar hizo por mí lo mismo que Jonathan había hecho, pero de una manera diferente. Me mostró un modelo de cómo vivir la vida cristiana, al cual todavía aspiro.

Desde entonces, siempre ha habido personas en mi vida de quienes estoy aprendiendo y otros a quienes estoy tratando de transmitir lo aprendido. Como en una carrera de relevos, todos tenemos la responsabilidad de pasar el listón o batuta.

Sabiduría

Salmos 78:1-8

Salmo 78

Masquil de Asaf.

1 Pueblo mío, atiende a mi enseñanza;
presta oído a las palabras de mi boca.
2 Mis labios pronunciarán parábolas
y evocarán misterios de antaño,
3 cosas que hemos oído y conocido,
y que nuestros padres nos han contado.
4 No las esconderemos de sus descendientes;
hablaremos a la generación venidera
del poder del Señor, de sus proezas,
y de las maravillas que ha realizado.
5 Él promulgó un decreto para Jacob,
dictó una ley para Israel;
ordenó a nuestros antepasados
enseñarlos a sus descendientes,
6 para que los conocieran las generaciones venideras
y los hijos que habrían de nacer,
que a su vez los enseñarían a sus hijos.
7 Así ellos pondrían su confianza en Dios
y no se olvidarían de sus proezas,
sino que cumplirían sus mandamientos.
8 Así no serían como sus antepasados:
generación obstinada y rebelde,
gente de corazón fluctuante,
cuyo espíritu no se mantuvo fiel a Dios.

Comentario

1. Cuenta

Todos tenemos una historia que contar. Cada familia tiene sus historias, como las tiene cada iglesia sobre lo que Dios ha hecho. Todo cristiano tiene una historia, es decir un testimonio. Todos nosotros tenemos acceso a la gran historia de lo que Dios ha hecho en Cristo. Tenemos que «contar las historias» (v.6, MSG).

Este salmo nos da un esbozo de la visión hebrea de la historia que lleva hasta el rey David y subraya la importancia de transmitirla a la generación venidera. Vemos el contraste entre los pecados de Israel y la bondad de Dios. El mismo Jesús citó este salmo en Mateo 13:35.

El salmista dice: «Hablaremos a la generación venidera del poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado, […] ordenó […] enseñarlos a sus descendientes, para que los conocieran las generaciones venideras y […] a su vez los enseñarían a sus hijos. Así ellos pondrían su confianza en Dios» (Salmo 78:4–7).

Juan Carlos Ortiz narra la historia de cómo conoció a una señora anciana en su Argentina natal, la cual le presentó a una joven que era una de sus nietas. Le contó que tenía seis hijos y treinta y seis nietos. Su familia era cuantiosa y entre sus nietos había muchos profesionales y gente de gran educación. Carlos le preguntó: «¿Cómo se las arregló para engendrar una familia extensa tan grande, bien alimentada, bien vestida y bien educada?». La señora respondió: «No lo hice. Simplemente cuidé a los seis y cada uno de los seis, cuidó a sus seis».

Cada generación tiene la responsabilidad de contarle a la siguiente acerca de la bondad de Dios y advertirles del desastre que hacemos de nuestras vidas cuando nos apartamos de la bondad de Dios.

Oración

Señor, gracias por todos aquellos que nos contaron acerca del «poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado» (v.4). Ayúdanos a transmitirlas a la generación venidera para que también ellos pongan su confianza en Ti.

Nuevo Testamento

Hechos 16:1-15

Timoteo se une a Pablo y a Silas

16Llegó Pablo a Derbe y después a Listra, donde se encontró con un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. 2 Los hermanos en Listra y en Iconio hablaban bien de Timoteo, 3 así que Pablo decidió llevárselo. Por causa de los judíos que vivían en aquella región, lo circuncidó, pues todos sabían que su padre era griego. 4 Al pasar por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, para que los pusieran en práctica. 5 Y así las iglesias se fortalecían en la fe y crecían en número día tras día.

La visión de Pablo del hombre macedonio

6 Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia. 7 Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. 8 Entonces, pasando de largo por Misia, bajaron a Troas. 9 Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.» 10 Después de que Pablo tuvo la visión, en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.

Conversión de Lidia en Filipos

11 Zarpando de Troas, navegamos directamente a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. 12 De allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y la ciudad principal de ese distrito de Macedonia. En esa ciudad nos quedamos varios días.

13 El sábado salimos a las afueras de la ciudad, y fuimos por la orilla del río, donde esperábamos encontrar un lugar de oración. Nos sentamos y nos pusimos a conversar con las mujeres que se habían reunido. 14 Una de ellas, que se llamaba Lidia, adoraba a Dios. Era de la ciudad de Tiatira y vendía telas de púrpura. Mientras escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo. 15 Cuando fue bautizada con su familia, nos hizo la siguiente invitación: «Si ustedes me consideran creyente en el Señor, vengan a hospedarse en mi casa.» Y nos persuadió.

Comentario

2. Entrena

Paul reconoció que tenía la responsabilidad de entrenar a otros. Encontró a Timoteo, un joven excelente (vv.1–2) y Timoteo fue discipulado, entrenado e instruido por Pablo quien fue un mentor para él. Son un gran ejemplo de lo que todos deberíamos estar haciendo. Encuentra un Pablo de quien puedas aprender y encuentra un Timoteo a quien transmitir lo aprendido.

Bill Hybels ha dicho que cada paso estratégico o decisión importante que ha tomado ha sido inspirado y animado por alguien que estaba a un metro de distancia de él y no cuando estaba entre una multitud de miles de personas. Al predicar podemos causar un gran impacto; los predicadores suelen sobrevalorar la cantidad de verdades que se asimilan entre el púlpito y los bancos donde se sienta la gente. En su vida, «la verdad aplicada hablando con alguien al otro lado de la mesa» ha sido una clave para su propio crecimiento personal. Parece que también lo fue para Timoteo.

Timoteo se hizo cristiano por medio de Pablo y se hicieron amigos íntimos. Pablo era mayor que Timoteo y describió su amistad como la de un padre y un hijo (Filipenses 2:22). Pablo describió a Timoteo como «mi amado hijo» (1 Corintios 4:17).

Pasaron por muchas cosas viajando juntos: «Al pasar por las ciudades…» (Hechos 16:4). Incluso pasaron tiempo en prisión juntos. Durante todo aquello, Timoteo estuvo observando a Pablo y se entrenó como su sucesor.

No basta con esperar que los «Timoteos» nos observen. Tenemos que posicionar estratégicamente a discípulos más jóvenes para que tengan la oportunidad de liderar. Pablo depositó en Timoteo una responsabilidad real; podía confiar en él porque lo conocía muy bien.

Desde el principio Pablo incluyó a Timoteo en el trabajo. Tomaron decisiones juntos (v.4) y por medio de su ministerio juntos «las iglesias se fortalecían en la fe y crecían en número día tras día» (v.5).

Timoteo aprendió sobre la guía del Espíritu Santo, el cual «les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia. Cuanto intentaron entrar en Bitinia, el Espíritu de Jesús no se lo permitió» (vv.6–7). Esta es una lección importante en la vida. Puedo acordarme de al menos cinco ocasiones en mi vida en las que he sentido que debía ir en una dirección concreta pero «el Espíritu de Jesús no permitió» (v.7) que el plan tuviera éxito. Al mirar atrás ahora, estoy completamente agradecido porque el Espíritu Santo detuviera mis planes los cuales, visto en perspectiva, no eran los adecuados.

Dios guio a Timoteo y a Pablo en una nueva dirección: «Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”» (v.9). No es de sorprender que Pablo tomara esto como una clara guía de que debían ir a Macedonia, «convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios» (v.10).

En Filipos, Timoteo tuvo que ver a Pablo en el primer sábado que estuvo allí, al ir río abajo donde había un grupo de mujeres orando (v.13).

Cuando Pablo habló sobre Jesús, Lidia (una rica comerciante) se convirtió. Invitó a Pablo y aquellos que estaban con él a ir a quedarse en su casa.

Tuvo que ser una experiencia extraordinaria y maravillosa para ambos ver cómo «el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo» (v.14).

La última epístola atribuida a Pablo es 2 Timoteo. Hasta el final mismo de su vida, la prioridad de Pablo fue animar y dar alas a la generación venidera. ¡Hagamos de ella la nuestra también!

Oración

Señor, ayuda a cada «Pablo» a encontrar «Timoteos» a quienes puedan entrenar. Ayuda a cada «Timoteo» a encontrar un mentor como Pablo que le transmita toda su experiencia.

Antiguo Testamento

1 Reyes 12:25-14:20

Los becerros de oro en Betel y Dan

25 Jeroboán fortificó la ciudad de Siquén en la región montañosa de Efraín, y se estableció allí. Luego se fue de Siquén y fortificó Peniel. 26 Pero reflexionó: «¿Y qué tal si ahora el reino vuelve a la familia de David? 27 Si la gente sigue subiendo a Jerusalén para ofrecer sacrificios en el templo del Señor, acabará por reconciliarse con su señor Roboán, rey de Judá. Entonces a mí me matarán, y volverán a unirse a él.»

28 Después de buscar consejo, el rey hizo dos becerros de oro, y le dijo al pueblo: «¡Israelitas, no es necesario que sigan subiendo a Jerusalén! Aquí están sus dioses, que los sacaron de Egipto.» 29 Así que colocó uno de los becerros en Betel, y el otro en Dan. 30 Y esto incitó al pueblo a pecar; muchos incluso iban hasta Dan para adorar al becerro que estaba allí.

31 Jeroboán construyó santuarios paganos en los cerros, y puso como sacerdotes a toda clase de gente, hasta a quienes no eran levitas. 32 Decretó celebrar una fiesta el día quince del mes octavo, semejante a la que se celebraba en Judá. En el altar de Betel ofreció sacrificios a los becerros que había hecho, y estableció también sacerdotes para los santuarios paganos que había construido. 33 Así pues, el día quince del mes octavo Jeroboán subió al altar que había construido en Betel y quemó incienso. Ése fue el día que arbitrariamente decretó como día de fiesta para los israelitas.

El hombre de Dios que llegó de Judá

13Sucedió que un hombre de Dios fue desde Judá hasta Betel en obediencia a la palabra del Señor. Cuando Jeroboán, de pie junto al altar, se disponía a quemar incienso, 2 el hombre de Dios, en obediencia a la palabra del Señor, gritó: «¡Altar, altar! Así dice el Señor: “En la familia de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a estos sacerdotes de altareshumanos”

3 Aquel mismo día el hombre de Dios ofreció una señal: «Ésta es la señal que el Señor les da: ¡El altar será derribado, y las cenizas se esparcirán!»

4 Al oír la sentencia que el hombre de Dios pronunciaba contra el altar de Betel, el rey extendió el brazo desde el altar y dijo: «¡Agárrenlo!» Pero el brazo que había extendido contra el hombre se le paralizó, de modo que no podía contraerlo. 5 En ese momento el altar se vino abajo y las cenizas se esparcieron, según la señal que, en obediencia a la palabra del Señor, les había dado el hombre de Dios. 6 Entonces el rey le dijo al hombre de Dios:

—¡Apacigua al Señor tu Dios! ¡Ora por mí, para que se me cure el brazo!

El hombre de Dios suplicó al Señor, y al rey se le curó el brazo, quedándole como antes. 7 Luego el rey le dijo al hombre de Dios:

—Ven a casa conmigo, y come algo; además, quiero hacerte un regalo.

8 Pero el hombre de Dios le respondió al rey:

—Aunque usted me diera la mitad de sus posesiones, no iría a su casa. Aquí no comeré pan ni beberé agua, 9 porque así me lo ordenó el Señor. Me dijo: “No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el mismo camino.”

10 De modo que tomó un camino diferente al que había tomado para ir a Betel.

11 En ese tiempo vivía en Betel cierto profeta anciano. Sus hijos fueron a contarle todo lo que el hombre de Dios había hecho allí aquel día, y lo que le había dicho al rey. 12 Su padre les preguntó:

—¿Por dónde se fue?

Sus hijos le indicaron el camino que había tomado el hombre de Dios que había llegado de Judá, 13 y el padre les ordenó:

—Aparéjenme un asno, para que lo monte.

Cuando el asno estuvo listo, el profeta anciano lo montó 14 y se fue tras el hombre de Dios. Lo encontró sentado debajo de una encina, y le preguntó:

—¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?

—Sí, lo soy —respondió.

15 Entonces el profeta le dijo:

—Ven a comer a mi casa.

16 —No puedo volver contigo ni acompañarte —respondió el hombre de Dios—; tampoco puedo comer pan ni beber agua contigo en este lugar, 17 pues el Señor me ha dado esta orden: “No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el mismo camino.”

18 El anciano replicó:

—También yo soy profeta, como tú. Y un ángel, obedeciendo a la palabra del Señor, me dijo: “Llévalo a tu casa para que coma pan y beba agua.”

Así lo engañó, 19 y el hombre de Dios volvió con él, y comió y bebió en su casa. 20 Mientras estaban sentados a la mesa, la palabra del Señor vino al profeta que lo había hecho volver. 21 Entonces el profeta le anunció al hombre de Dios que había llegado de Judá:

—Así dice el Señor: “Has desafiado la palabra del Señor y no has cumplido la orden que el Señor tu Dios te dio. 22 Has vuelto para comer pan y beber agua en el lugar donde él te dijo que no lo hicieras. Por lo tanto, no será sepultado tu cuerpo en la tumba de tus antepasados.”

23 Cuando el hombre de Dios terminó de comer y beber, el profeta que lo había hecho volver le aparejó un asno, 24 y el hombre de Dios se puso en camino. Pero un león le salió al paso y lo mató, dejándolo tendido en el camino. Sin embargo, el león y el asno se quedaron junto al cuerpo. 25 Al ver el cuerpo tendido, y al león cuidando el cuerpo, los que pasaban por el camino llevaron la noticia a la ciudad donde vivía el profeta anciano.

26 Cuando el profeta que lo había hecho volver de su viaje se enteró de eso, dijo: «Ahí tienen al hombre de Dios que desafió la palabra del Señor. Por eso el Señor lo entregó al león, que lo ha matado y despedazado, como la palabra del Señor se lo había advertido.»

27 Luego el profeta les dijo a sus hijos: «Aparéjenme el asno.» En cuanto lo hicieron, 28 el profeta salió y encontró el cuerpo tendido en el camino, con el asno y el león junto a él. El león no se había comido el cadáver, ni había despedazado al asno. 29 Entonces el profeta levantó el cadáver del hombre de Dios, lo puso sobre el asno y se lo llevó de vuelta a la ciudad para hacer duelo por él y enterrarlo. 30 Luego lo puso en la tumba de su propiedad, e hicieron duelo por él, clamando: «¡Ay, hermano mío!»

31 Después de enterrarlo, el profeta les dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, entiérrenme en la misma tumba donde está enterrado el hombre de Dios, y pongan mis huesos junto a los suyos. 32 Porque ciertamente se cumplirá la sentencia que, en obediencia a la palabra del Señor, él pronunció contra el altar de Betel y contra todos los santuarios paganos que están en los montes de las ciudades de Samaria.»

33 Con todo, Jeroboán no cambió su mala conducta, sino que una vez más puso como sacerdotes para los santuarios paganos a toda clase de gente. A cualquiera que deseaba ser sacerdote de esos santuarios, él lo consagraba como tal. 34 Esa conducta llevó a la dinastía de Jeroboán a pecar, y causó su caída y su desaparición de la faz de la tierra.

Profecía de Ahías contra Jeroboán

14En aquel tiempo se enfermó Abías hijo de Jeroboán, 2 y éste le dijo a su esposa: «Disfrázate para que nadie se dé cuenta de que eres mi esposa. Luego vete a Siló, donde está Ahías, el profeta que me anunció que yo sería rey de este pueblo. 3 Llévate diez panes, algunas tortas y un jarro de miel. Cuando llegues, él te dirá lo que va a pasar con nuestro hijo.» 4 Así que la esposa de Jeroboán emprendió el viaje a Siló y fue a casa de Ahías.

Debido a su edad, Ahías había perdido la vista y estaba ciego. 5 Pero el Señor le había dicho: «La esposa de Jeroboán, haciéndose pasar por otra, viene a pedirte información acerca de su hijo, que está enfermo. Quiero que le des tal y tal respuesta.» 6 Así que cuando Ahías oyó el sonido de sus pasos, se dirigió a la puerta y dijo: «Esposa de Jeroboán, ¿por qué te haces pasar por otra? Entra, que tengo malas noticias para ti. 7 Regresa a donde está Jeroboán y adviértele que así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te levanté de entre mi pueblo Israel y te hice su gobernante. 8 Le quité el reino a la familia de David para dártelo a ti. Tú, sin embargo, no has sido como mi siervo David, que cumplió mis mandamientos y me siguió con todo el corazón, haciendo solamente lo que me agrada. 9 Por el contrario, te has portado peor que todos los que vivieron antes de ti, al extremo de hacerte otros dioses, ídolos de metal; esto me enfurece, pues me has dado la espalda.

10 » ”Por eso voy a enviarle una desgracia a la familia de Jeroboán. De sus descendientes en Israel exterminaré hasta el último varón, esclavo o libre. Barreré la descendencia de Jeroboán como se barre el estiércol, hasta no dejar rastro. 11 A los que mueran en la ciudad se los comerán los perros, y a los que mueran en el campo se los comerán las aves del cielo. ¡El Señor lo ha dicho!”

12 »En cuanto a ti, vuelve a tu casa, pues cuando llegues a la ciudad, morirá el muchacho. 13 Entonces todos los israelitas harán duelo por él y lo sepultarán. De la familia de Jeroboán sólo él será sepultado, porque en esa familia sólo él ha complacido al Señor, Dios de Israel.

14 »El Señor levantará para sí un rey en Israel que exterminará a la familia de Jeroboán. De ahora en adelante 15 el Señor sacudirá a los israelitas como el agua sacude las cañas. Los desarraigará de esta buena tierra que les dio a sus antepasados y los dispersará más allá del río Éufrates, porque se hicieron imágenes de la diosa Aserá y provocaron así la ira del Señor. 16 Y el Señor abandonará a Israel por los pecados que Jeroboán cometió e hizo cometer a los israelitas.»

17 Entonces la esposa de Jeroboán se puso en marcha y regresó a Tirsá. En el momento en que atravesó el umbral de la casa, el muchacho murió. 18 Así que lo sepultaron, y todo Israel hizo duelo por él, según la palabra que el Señor había anunciado por medio de su siervo, el profeta Ahías.

19 Los demás acontecimientos del reinado de Jeroboán, sus batallas y su gobierno, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 20 Jeroboán reinó vientidós años. Cuando murió, su hijo Nadab lo sucedió en el trono.

Comentario

3. Enseña

A menos que aprendamos las lecciones de la historia y «hablemos [de ellas] a la generación venidera» (Salmo 78:5–6), estarán condenados a repetir los errores del pasado. El libro de los Reyes registra la historia del pueblo de Dios para que las generaciones siguientes puedan aprender de ella.

Tristemente, las lecciones que podemos aprender de este pasaje son principalmente negativas. La narración acerca e Jeroboán es aterradora, y este transmitió un legado fatídico a la siguiente generación.

«Después de buscar consejo, el rey hizo dos becerros de oro» (1 Reyes 12:28). ¡No basta con «buscar consejo» si estamos consultando a la persona equivocada! Estos capítulos contienen la narración del pecado de la casa de Jeroboán que «causó su caída y su desaparición de la faz de la tierra» (13:34).

El pecado clave de Jeroboán fue que hizo una forma de religión y un culto de adoración acomodados a sí mismo. Propició la adoración de los ídolos en vez de la adoración a Dios (12:28). La religión de Jeroboán es una religión inventada, creada para satisfacer sus propios deseos y necesidades.

Aunque no nos dediquemos a adorar becerros de oro, el mismo peligro es igual de evidente hoy en día. Como ha dicho el papa Francisco: «El ídolo más peligroso somos nosotros mismos cuando queremos ocupar el lugar de Dios».

Ese fue el pecado de Jeroboán que afectó a la generación venidera. Su hijo Abías enfermó y murió (capítulo 14). Ignoró el buen ejemplo de David de la generación anterior, quien había vivido con un corazón indiviso, agradando a Dios. En vez de eso se portó «peor que todos los que vivieron antes [de él]» (14:9).

Puede que Jeroboán obtuviera muchos logros militares, comerciales y políticos (ver v.19), pero parece que aquellos éxitos son bastante irrelevantes. Como dice Jesús: «¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?» (Marcos 8:36). Lo que más importa es tener una relación íntima con el Dios viviente.

Oración

Señor, te pido que suscites líderes en la industria, la política, las artes creativa, los medios de comunicación y en todos los sectores de la sociedad, que te honren y transmitan tu mensaje y tus estándares a la siguiente generación.

Añadidos de Pippa

Salmo 78:4–6

«Hablaremos a la generación venidera del poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado […] para que los conocieran las generaciones venideras y los hijos que habrían de nacer».

Transmitir nuestra fe a la generación venidera es todo un desafío. Estoy llena de agradecimiento hacia aquellos que trabajan con la juventud en HTB. Han derramado su amor en nuestros hijos y los de cientos de otras personas. Cada año en Focus (nuestra reunión de vacaciones de iglesia), hemos visto las vidas de nuestros hijos transformadas junto con las de muchos otros. Me emociona ver lo que Dios está haciendo con la generación venidera. El potencial de los niños «que habrán de nacer» es enorme y me siento inspirada a orar por ellos.

Versículo del día

Salmo 78:1,4

'Pueblo mío, atiende a mi enseñanza; presta oído a las palabras de mi boca. No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera del poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado. '
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